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Entrevista a la reconocida psicóloga infantil española, Laura Perales

"Vivimos en un mundo con exigencias sociales que no permiten criar" Nayarit Frontado López.- Laura Perales Bermejo , ...

viernes, 29 de agosto de 2014

Hablando como los locos: El estrés laboral




Nayarit Frontado López.-

Hoy en día prácticamente no existe un aviso de empleo que excluya la condición sine qua non de saber trabajar bajo presión, en un mundo que por otro lado nos invita constantemente a cuidar la salud y mantener al margen el estrés. Vemos cifras y estadísticas alarmantes acerca de las nefastas consecuencias de una vida agitada.

Pareciera entonces que nos enfrentáramos a una especie de doble moral globalizada que muchas veces termina confundiéndonos más y llenándonos de más ansiedad y temor. Conozco personas que aseguran trabajar mejor bajo presión, no obstante algunos estudios aseguran que esta condición lejos de considerarse como una virtud es causante de colapsos nerviosos, depresión, infartos, enfermedades gastrointestinales, irritabilidad, y un sinfín de otros males.

Al mismo tiempo, persiste la creencia de que bajo presión se logra un rendimiento más alto entre el personal de trabajo, lo cual también es relativo y la realidad predica que todo en exceso acaba siendo bastante malo. La Organización Mundial de la Salud incluso ha dicho que este tipo de estrés (el laboral) es una "epidemia mundial" a juzgar por los datos estadísticos que hasta ahora se tienen al respecto, por lo que se pudiera considerar la novedad epidemiológica del siglo XXI.

¿Y de qué se trata la tolerancia a la presión? Pues ahora se ha convertido en una competencia definida como “la habilidad para seguir actuando con eficacia en situaciones de presión de tiempo y de desacuerdo, oposición y diversidad. La capacidad para responder y trabajar con alto desempeño en situaciones de mucha exigencia.” (Alles,  Pg 209, 2003). Una definición más corta es “seguir actuando con eficacia bajo la presión del tiempo y haciendo frente al desacuerdo, la oposición y la adversidad." (Ansorena Cao, 1996, pg 192).

De un texto construido por D.E González Robledo para el Departamento de Prácticas Profesionales de la Universidad EAFIT (2009), en Medellín, encontramos que:


Lo cierto es que no todos pueden desenvolverse adecuadamente bajo presión. Hay personas que se abruman con rapidez y tarde o temprano deben buscar empleos de menor exigencia, por la amenaza de sufrir un cuadro de estrés. La presión laboral puede fácilmente producir grados de estrés nocivos si la persona no está preparada o no sabe manejarlo bien; en este punto es importante que identifiquemos hasta dónde "apretar el acelerador". Cada trabajo tiene un nivel óptimo de estrés: bajo condiciones de trabajo muy relajado el rendimiento puede disminuir, y, paradójicamente, bajo condiciones de mucha presión puede ocurrir lo mismo. El óptimo es un nivel medio de estrés, como han señalado diversos estudios.

De tal modo que siempre es conveniente controlar el ritmo de trabajo y, como dicen todos los especialistas en todas las situaciones, mantener una sana alimentación. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Taller Crianza Respetuosa. Inscripciones hasta el 25 de octubre



08/11 en el Colegio "Sagrado Corazón de Jesús"

Taller de Crianza Respetuosa con Berna Iskandar


Formaliza tu inscripción antes del 25 de octubre


Nayarit Frontado López.-


Ya están abiertas las inscripciones para participar en el Taller de Crianza Respetuosa que tendrá lugar en Puerto Cabello el próximo 8 de noviembre, y cuya facilitadora será la periodista, madre y divulgadora de temas de crianza en cultura de paz, Berna Iskandar.  

La actividad cubrirá un módulo de cinco horas, de 2:00 de la tarde a 7:00 de la noche, tendrá lugar en el auditorio del Colegio "Sagrado Corazón de Jesús", ubicado en la Calle Plaza N°8-80; y el costo es de 400 Bs. por persona.

Por su parte, la periodista Berna Iskandar refirió que “padres, madres y adultos hacemos lo mejor que podemos con lo que sabemos, pero a veces necesitamos nuevos referentes de ayuda para comprender y conocer mejor el mundo de los niños y adolescentes, entender el porqué de su comportamiento, qué esperan o cuáles son sus necesidades legítimas, para basarnos sobre expectativas realistas que permitan facilitar el buen trato, el vínculo y la asistencia durante el proceso de formación y crianza”.

De igual modo, invita a toda la comunidad a formar parte del taller, especialmente a padres, madres, abuelos, docentes y profesionales relacionados con la atención a niños y familias, a quienes va dirigido el evento.

Entre los temas que se abordarán se encuentran: Estilos de crianza, las etapas en el proceso evolutivo y sus distintas necesidades, principios y herramientas para el buen trato hacia los niños y adolescentes, límites y disciplina humanizada, formas de violencia visibles e invisibles (reconocer, prevenir, sanar).

El proceso de inscripción es mediante depósito o transferencia bancaria, información que se ofrece detallada a través de los teléfonos: 0414-4017977/ 0412- 2893353 o al escribir un correo electrónico a: tallerconberna@gmail.com  manifestando su deseo de participar en el evento. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Hablando como los locos: Creencias populares del embarazo y los bebés




Nayarit Frontado López.-

La novedad de un embarazo es todo un acontecimiento que trae consigo una cantidad increíble de vivencias y anécdotas de las que no se excluyen las creencias y supersticiones de la gente, cuyos consejos o advertencias parecen sacados de un libro de mitos, cuentos o leyendas.    

Durante mis dos embarazos escuché de conocidos y extraños toda clase de locuras que, aunque sin sentido alguno, no dejan de ser curiosas y hasta cómicas, aquí les dejo unas cuantas de ellas que seguramente ya bastante han escuchado también.

Los pronósticos del sexo del bebé: Hay personas que según la forma de la panza, si tiene la famosa raya divisoria, si una se pone fea, si está “más bonita”, etc, te dicen si es niña o niño. Al inicio de mi segundo embarazo, cuando aún no conocía el sexo de mi bebé, un colega se me acercó y aseguró que tendría niña “porque él nunca se ha equivocado en esas cosas”, vaya entonces que conmigo fue la primera vez porque a las pocas semanas descubrimos que sería otro varón.

Los afamados antojos: En una ocasión una amiga me preguntaba sobre los antojos que estaba teniendo con el embarazo y le comenté de algunos, a lo que me inquirió ¿Y los vomitaste? Porque si no los vomitas entonces no son antojos verdaderos. Yo naturalmente quedé con cara de ¿Más o menos? Respecto al tema de los antojos también amenazamos con que no nos pueden negar algo que nos apetezca porque podría parecer el orzuelo, además de que si no cumplimos el antojo el bebé sale con la boca abierta, mosca!! 

Los niños pujones: Sobre esto guardo estresantes e insólitos recuerdos de mi primer embarazo. Mi bebé estaba constantemente irritado y retorciéndose con cierta frecuencia. ¿Los consejos? Que lo acostara en el piso y una mujer embarazada le pasara por encima. Y ni hablar de las locuras que llegué a leer en un blog sobre el particular: que lo cargara un borracho sudado, y qué se yo cuantas cosas más? Ah! y cuidadito que no lo cargue una mujer con la menstruación.

Los bebés que nacen sucios: “Niña yo te dije, mira como te salió esa muchacha tan sucia de tanto comer mango”, típico escuchar algún familiar o amigo que jura y perjura que los bebés salen asquerosos de la barriga debido a que comiste mucho una determinada fruta o alimento.

La lactancia: “Lo mejor para que le baje bastaaaante leche mija es tomar mucha avena, ajonjolí y… (probablemente cualquier cosa que lleve leche, es obvio!!)”, pero resulta que los pediatras insisten en que hay que poner al muchachito a succionar bastante y acompañar el proceso ingiriendo mucha agua y cuando mucho algún medicamento indicado para detener los vómitos.

La acidez en el embarazo: “Eso quiere decir que el bebé nacerá con mucho pelo mamita, júralo!” Y pasa que la malvada acidez se debe a causas hormonales y fisiológicas, tal como lo explican los especialistas.

Embarazadas peleonas: Algunas embarazadas aparentemente le “agarran idea” a cierta persona durante el embarazo y pareciera que no la pueden ni ver porque terminan discutiendo, sin duda debe haber una razón lógica, pero lo que afirma la gente es que al suceder esto el bebé nacerá físicamente igualito a esa persona detestada.

El mal de ojo: Este es el papá de los mitos populares que ha motivado a mamás, abuelitas y hasta a los escépticos padres a llevar al muchachito a santiguar porque de tanto llamar la atención de la gente alguno con ojo piche le echó el mal… “Y póngale mija la pulserita de pepitas negras y rojas con el azabachito pa que vea que lo protege de todo”.

La postura del agua: La primera vez que leí en la página de Sociales de un periódico  este sofisticado nombre me dio muchísima risa. Eso de “echarle el agua” a un niño se usaba hace muuuucho tieeeeempo en los pueblitos muy apartados de las iglesias, en los que la gente como un acto de fe simulaba un bautizo en casa, pero hoy en día mis queridos amigos vaya a cualquier parroquia con la cantidad de padrinos que desee (aunque para la Fe de Bautismo debe decidirse sólo por dos) y bautice al bebé como debe ser. Otra opción, previa al bautizo, es la Presentación en el Templo.


Y así hay muchísimos ejemplos más… ¿Cierto?

Pauta exprés: Vuelve monólogo "Mi Cristo roto"


Segunda entrega del monólogo “Mi Cristo roto” llega a Puerto Cabello

Nayarit Frontado López.-

Con el propósito de ofrecer a la feligresía porteña y público en general una actividad de entretenimiento y al mismo tiempo reflexión, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis de Puerto Cabello (MCC) ofrecerá este sábado 30 de agosto el monólogo “Mi Cristo roto”, con el actor Lorenzo Henríquez.

Este interesante montaje teatral tendrá lugar en la Cámara de Comercio de Puerto Cabello el 30 de agosto a las 7:00 de la noche y el valor de la entrada es de 200 bolívares. Una inversión que le garantizará una amena y enriquecedora experiencia.  

Mi Cristo roto de casa en casa, en su segunda entrega, es un monólogo realizado a partir de la adaptación teatral del segundo libro escrito por el Padre Ramón Cué, conformado por cinco relatos: Mi Cristo Roto de Casa en Casa, Cristo organiza su oficina, el equipaje de Cristo, maniobra de Cristo en un carro de lujo y a Cristo le gustan los ladrones.

Por su parte, Lorenzo Henríquez, quien cuenta con 38 años de trayectoria artística, con esta puesta en escena  trasciende las expectativas del publico en una representación impecable, en la cual interpreta siete personajes distintos, incluyendo al Padre Ramón Cué y al mismo Cristo, imprimiéndole un impresionante ritmo a medida que avanza la historia, lo cual brinda al montaje una gran riqueza teatral y la convierte en todo un espectáculo del más alto y digno nivel actoral.



En este sentido, el MCC de la Diócesis de Puerto Cabello extiende la invitación al público a la referida actividad con el entusiasmo de ser ésta una oportunidad de renovar la fe y el compromiso cristiano entre los porteños. Para mayor información puede comunicarse por los teléfonos 0414-4017977 y 0416-4492519.

Pauta exprés: Del "don de gente" del doctor López Gómez



Del “don de gente” y otros atributos del doctor López Gómez

Nayarit Frontado López.-

En ocasión de cubrir una de mis pautas freelances, y sin tener idea de la fisionomía del personaje con quien había acordado por teléfono una entrevista, llegué a la casa del doctor López Gómez, como es conocido en la ciudad (sin referir necesariamente sus nombres: José Ramón). Me esperaba en su biblioteca, sentado tras el escritorio, como un niño juicioso. Con un tipo de amabilidad que contagia hasta al más indiferente, gracias a la cual me dio la sensación de conocerlo desde hace mucho tiempo (de hecho, curiosamente ese encuentro ocurrió cuando en alguna oportunidad consultó a mi madre embarazada, conmigo en su vientre).

Para empezar me advirtió que debía hablar en voz alta, pues su audición es deficiente. Hablamos de sus recientemente cumplidos sesenta años de graduado, de ese Honoris Causa de la Universidad de Carabobo, recibido en 2007 tras haberse desempeñado por cuarenta años como docente en el área de Obstetricia y Ginecología. Su biblioteca es ahora un tesoro que sin mezquindad abre sus puertas al público, uno de los tantos frutos de su carrera profesional, en cuyas secciones de vez en cuando uno se consigue con libros de su autoría, sobre temas desde científicos hasta de literatura creativa.

El doctor López Gómez es un hombre aún erguido, a sus ochenta y largos años su voz es ronca y pausada pero agradable al oído. Sus palabras tienen cierta musicalidad, a mí parecer, su mirada es profunda y su sonrisa frecuente. Sus manos no tiemblan como cualquiera podría imaginarse, aunque su caligrafía demuestra el peso de los años. Camina apoyado en un bastón que de vez en cuando también usa para abrir y cerrar las divisiones de su estantería de libros. Y se detiene en algunos tramos de la tertulia, escudriñando en su memoria alguna anécdota que contar según mis preguntas.

Conversa sin dejar de mencionar a su esposa, Cira Bracho de López, una enfermera materno-infantil que como él mismo cuenta ha sido un gran apoyo tanto en lo personal como profesional ya que junto a ella desarrolló varios proyectos, relacionados con las especialidades de ambos en cuestión de salud médica.

Justamente, una de estas iniciativas fue el ambicioso Programa de Atención a la Adolescente Embarazada que desarrollaron en un centro hospitalario de la ciudad de Valencia desde 1993, auspiciado por la Organización Panamericana de la Salud y la Fundación W. Kellog. En él estudiaron y asistieron a cientos de jóvenes encinta no sólo en materia de gestación sino también psicológica y emocional, involucrando a sus familiares y allegados en todo el proceso, con el propósito de procurar un ambiente menos hostil especialmente para el bebé y la madre, pese a las diversas complicaciones que conlleva un embarazo en la adolescencia.

En todo caso, este proyecto no sólo se esmeró en la atención sino también en la prevención, asegura el doctor López Gómez, quien aun cuando habla de protección cree fielmente que es posible y necesario promover la abstinencia en esta importante etapa del desarrollo para evitar lo que llama la “sexualidad precoz”, que tantos serios problemas trae consigo. 

Se me harían extensas las líneas en caso de abordar su currículo profesional, cuando en verdad lo que se me antoja interesante es su espíritu jovial y buena disposición. Su escasa audición, su caminar lento, su traviesa memoria o su poca fuerza definitivamente no lo intimidan ni lo distraen de su calidad de buena gente.

Me marché después de compartir un jugo de parchita y con un poemario suyo, el último por ahora –como él mismo me advirtió-, de 2005: Nocturnal, del que quiero  reproducir, para quienes les guste este género, el poema titulado “La canción de la noche” que me ha gustado mucho.

Los árboles se han acostado
muy temprano
y las estrellas asoman sus
puntos de luz
para que los grillos comiencen
pronto su música
los cocuyos de luz ensayan
sus danzas
y la brisa juguetona peina
las oscuras espigas
de las sombras
los duendes imperceptibles de
la nada
penetran el aire cargado de
aromas

y cantan, cantan, cantan


miércoles, 20 de agosto de 2014

Hablando como los locos: Tipos de peluqueras


Nayarit Frontado López.-

Cada vez que visitamos una peluquería -ya sea que siempre se trate de la misma o que sea una distinta la mayoría de las veces-, podemos fácilmente notar que existen los más variados tipos de peluqueras y muy probablemente nos hayamos tropezado en más de una oportunidad con alguna de las siguientes modelos en cuestión:

Las que no dejan el celular para atenderte bien. Ellas se la pasan contestando llamadas, mensajes de textos, revisan redes sociales y demás sin importarle nuestro tiempo. Para estas peluqueras está claro que más vale una clienta inconforme que morir de curiosidad o ansiedad por evitar unos minutos mirar el teléfono.

Las que cotorrean de todo con su colega de al lado. Con estas te enteras de unas cosas que ni sabías que podían existir. Evidentemente haces un esfuerzo por concentrarte en tus propios asuntos, en esa revista que estás leyendo, en planificar mentalmente el resto de tu día, pero qué va, ese cuento pica y se extiende!!

Las que te queman hasta las ideas. Típico, a quién no le ha tocado pegar un gritico o chuparse los dientes para protestar ante una peluquera que probablemente tenga curiosidad respecto a la resistencia del cuero cabelludo a altas temperaturas y ¡zas! Resultamos ser su conejillo de indias.

Las decididas a averiguarte la vida. Ellas tienen una astucia envidiable para saber si estás casada, soltera, si tienes hijo, si trabajas, si estás desempleada, si haces dieta o te operaste las lolas… Cuánto te costó esa operación chica, mira y tú vives aquí en el Puerto o eres de otra parte, ah si… Yo tengo una prima allá, ella tenía problemas con el marido y se vino también, tú te viniste porque aquí es mejor, verdad? Mmm… Me imagino!... Son expertas aprovechando cada segundo para sacar cualquier información.  

Las que te dejan calva y con tortícolis. Pareciera que estas mujeres definitivamente no tuvieron infancia, sabes? Se nota que ni de niñas le jalaron el cabello nunca… Son unas despiadadas cuando se trata de desenredarte el cabello o mientras lo estiran con cepillo y secador.

Las que no entienden eso de "sólo las puntas". El joven manos de tijeras se queda tonto frente a estas expertas en los cortes tipo "honguito", como dice una de mis hermanas. ¿Cuántas veces no hemos salido del salón de belleza con una cara de tragedia y el luto activo por los mechones de cabellos que vimos descender por nuestros hombros hasta caer huérfanos al piso? Eso no se lo deseas ni a tu peor enemiga!!     

Y gracias a Dios que ahora los ambientes son por ley “libres de humo de tabaco” porque las peores eran las que fumaban mientras te secaban el cabello. Además de no importarles tu salud (obvio, si ni la de ellas les importa!) te dejaban impregnada de pies a cabeza del espantoso aroma del cigarrillo.

En este sentido, se cumple perfectamente ese refrán de que "para ser bellas hay que ver estrellas", así que probablemente seguiremos sufriendo por aquello de que "antes muerta que sencilla", no?      

martes, 19 de agosto de 2014

Hablando como los locos: Las tertulias femeninas


                                             


Nayarit Frontado López.- 

Es realmente increíble la capacidad de nosotras las mujeres de abordar infinidad de temas de conversación entre amigas. Hace unos días compartía con un grupo más o menos numeroso de mujeres e iniciamos nuestra tertulia “casualmente” hablando de nuestros esposos y terminamos tres horas después platicando sobre el peligro que representa no vigilar a los niños mientras se bañan en una piscina. Previamente habíamos compartido opiniones sobre la maternidad, nuestra adolescencia y de vez en cuando volvían a aparecer nuestros maridos en la palestra, de quienes también hablábamos positivamente, ojo. 

Ese día, por cierto, corroboramos esas cosas en común que tienen los hombres (y ellos a su vez –reunidos aparte jugando dominó- también comprobaron sus teorías sobre nuestras charlas). Para los caballeros siempre será más fácil alistarse para salir: un pantalón, una camisa, los zapatos, gelatina y si acaso perfumito (el antitranspirante tiene suficiente olor); en cambio nosotras después de haberle elegido la ropa, vestido al o los niños (en ocasiones varias veces en menos de diez minutos ya que fácilmente se ensucian), arreglado el bolso con teteros, pañales, muda de ropa, etc. es cuando nos toca el turno de prepararnos y como comprenderán ya para ese entonces el tiempo es una estrella fugaz.     

En ese justo momento a ellos les parece que ya va haciéndose tarde, por lo que lo más conveniente es que nos apuremos. En conclusión somos nosotras las que probablemente tengamos que maquillarnos o abrocharnos las sandalias en el carro. Otro caso típico sucede cuando ya están fuera de casa y nos tienen que pasar buscando, ellos no se bajan, llaman “salgan, ya estoy afuera” y una sale con un muchacho encaramado de un lado, el otro en la otra mano, en un hombro el bolso nuestro, en el otro la pañalera, intentamos que el más grandecito agarre su lonchera pero se niega… ¿las llaves de la casa? Ah sí, en el bolso que está del lado donde tengo al bebé pero no puedo soltarle la mano al otro…. En fin! Cuando por fin abordamos el carro (con cara de pocos amigos) surge la famosa (y estresante) pregunta ¿qué pasó, estás estresada?

Ni se diga cuando una piensa en aligerarles un poco las cargas, liberarlos de algunos compromisos, permitirles descansar alguito más y le hacemos una inofensiva propuesta: mi amor dame el carro, yo hago la diligencia. Lo que ellos inmediatamente traducen como “caeré en huecos, rayaré el carro, te dejaré siempre el tanque vacío y además derramaré comida en los asientos”. Es menos traumático para ellos que nos adueñemos del control de la tv en casa.

Y así tranquilamente se nos va un buen rato de desahogo y consuelo, de apoyarnos mutuamente y no sentirnos solas en ese mundo básico de los hombres, sin quienes luego admitimos no podríamos lograr tantas otras cosas buenas gracias a su amor, comprensión y respaldo. No todo es malo señores, claro que no, a Dios gracias!

sábado, 16 de agosto de 2014

Hablando como los locos: Frases célebres de toda madre



Nayarit Frontado López.-


Muchas son las anécdotas que siempre recordamos de nuestra infancia y juventud en cuanto a la relación con nuestros padres, y aunque seguramente ellos no eran tan parecidos a los papás de nuestros amigos (típico, usualmente nos parecía que los otros eran “envidiablemente” más permisivos) toda mamá –al menos de los 90ꞌ para atrás- poseía una interesante colección de “frases célebres” y expresiones cuya contundencia asustaba hasta al hijo mejor portado y que nada tenía que temer. 

Así encontramos por ejemplo la inigualable frase “cuando tú vas yo vengo”, empleada por nuestras mamás en situaciones en las que era indiscutible su largo camino recorrido y experiencia acumulada, con lo cual lograba un inmediato efecto minimizador sobre nosotros. 

La famosa “tú crees que yo nací ayer” o algunas de sus variantes como “yo no me chupo el dedo” (acompañado incluso de una sarcástica seña con el dedo en la boca). Esta expresión además de ser más que obvia despertaba en nosotros la terrible sospecha de que mamá ya lo sabía todo. 

“Lo que uno te dice te entra por un lado y te sale por el otro”, típico, mamá que se respeta piensa en todo momento que el hijo nunca la escucha (ni el marido!). Otra digna de mencionar es “te tengo en salsa y no de tomate”, vaya usted a saber de dónde salió semejante sentencia pero su traducción era algo así como “una más y no te salvas”, es decir que se trataba de una cierta advertencia o amenaza.

Otra que indudablemente no puede faltar en las mamás de cualquiera generación es la lapidaria frase “cuando tú tengas tus hijos es que me vas a entender”, hijuemadre cosa verídica maternológicamente comprobada!!! Nada más cierto que eso.

Asimismo, el poderoso dicho “cuento tres y llevo dos”, suficiente para convertirnos en flash de un imaginario sopetón. Y qué me dicen de esta otra: “A tu papá se lo voy a decir” en mi caso, por ejemplo, esta era una especie de crónica de una muerte anunciada. Aunque mamá pareciera inofensiva o indefensa ella sabía que este ultimátum era infalible como último recurso. 
   
Continuando con las populares expresiones no podemos olvidar la de “más sabe el diablo por viejo que por diablo” y de ella sólo podíamos entender que en efecto mamá todo el tiempo con sus cosas parecía del más allá.

Y bueno, aquello de “¿yo hablo con la pared?” o “yo no estoy pintada en la pared”, “bájate de esa nube”, “que no me entere yo”, “ya te dije ya”, “mucho cuidadito”, “no respondo”, entre otras, también formaban parte de esa lista tal vez interminable de locuciones que toda mamá usaba en el momento preciso, consiguiendo siempre el efecto deseado. De tal modo que muchas veces gracias a que estos sermones funcionaban nos salvamos de Pedro Moreno, ¿saben no? El que quita lo malo y pone lo bueno: la correa amigos míos. (Yo me pude morir de la risa cuando hace poco le escuché a mi hijo esto, aprendido del abuelo! Jamás lo había oído antes!) 
 

jueves, 14 de agosto de 2014

Puerto Cabello, ferias del 68 y 70

Ferias del 68 y 70
Puerto Cabello: entre templetes, steelbands  y otros recuerdos


Los desfiles de carrozas y comparsas por las avenidas Juan José Flores y Bolívar de Rancho Grande, las famosas steelbands con bailarinas de cuerpos monumentales, los templetes en cada esquina, el olor a cotufas y el sonido estruendoso del hielo raspado, la música bailable por doquier y la camaradería entre propios y visitantes… Recuerdos que aún ocupan un significativo lugar en los corazones de muchos porteños.

Hace 44 años se realizaron en el entonces Distrito Puerto Cabello dos ferias únicas en su estilo, que contaron con una receptividad sin precedentes y se quedaron con nostalgia en las memorias de sus organizadores y participantes, muchos de ellos todavía pueden contarlo y demás conservan publicaciones y fotos de la época que han servido enormemente para complementar sus testimonios.

En primer lugar, es conveniente conocer la visión que en aquel entonces tenía tanto público como promotores acerca de las ferias. Para ello, vale citar el editorial de “Venezuela Gráfica”, destacada revista porteña que publicó el 1° de septiembre del 68 una edición extraordinaria sobre este “pedacito de cielo”, dedicando varias páginas a los preparativos de las primeras ferias:

Es indudable que la orientación dada a estas ferias populares tiende a llevar el mensaje de la cordialidad porteña, al mismo tiempo  que demostrará a propios y extraños lo pujante de una colectividad que no se detiene en el límite de los presupuestos oficiales sino que amplía  su capacidad creadora hacia otros campos que puedan darle provechos lógicos de una excepcional actividad turística.

Más adelante, este mismo texto refiere que con el trabajo periodístico de esta edición 878 se rendía un modesto homenaje al colectivo porteño por su afán de alcanzar el lugar que le corresponde como el primer puerto del país, con gran potencial turístico y ubicación con “gran promisor desarrollo industrial”.

“Eso era un gentío a pie bailando, la gente se volvía loca pero todo era sano, había respeto, ahí nadie se metía con nadie. Aquello era apoteósico y la gente de afuera se llevaba gratas impresiones de Puerto Cabello”, recuerda doña Nelly de Pizzolante, esposa del querido Ítalo, quien fue integrante del comité de festivales folklóricos durante la primera feria y presidente del comité directivo de la segunda. 

Esta abnegada mujer se encargó de las candidatas al reinado, siendo una especie de representante en ambas ocasiones: “Yo iba a sus casas y hablaba con las mamás para que las dejaran participar, y como yo era una persona conocida en la sociedad entonces les daban el permiso”, relató.

La primera de estas ferias se realizó del 7 al 15 de septiembre de 1968, y durante esos ocho días el pueblo disfrutó de múltiples actividades que incluso en algunos casos se desarrollaron simultáneamente. 

“La primera feria fue un éxito total, aunque sólo se hicieron dos, el pueblo demostró una integración impresionante. Toda la ciudad se involucró y vino también mucha gente de afuera, de Valencia, Barquisimeto, Maracay, Yaracuy”, subraya Asdrúbal González, cronista de la ciudad, quien además destacó positivamente la organización que caracterizaba estas celebraciones.

Del mismo modo, el cronista aludió la esmerada labor de personajes como Ítalo Pizzolante, Arturo Pardo, Luis Garcés, Miguel Flores y Giorgio Francini, quienes con gran entusiasmo se entregaron a la organización de las ferias de Puerto Cabello.  

Iniciativa en pro del turismo
“La idea surge como una oportunidad para promover el turismo e incentivar la economía porteña, para lo cual se fijaron unos días estratégicos en los que la gente pudiera realmente asistir y disfrutar de las atracciones”, apuntó González. 

Además, mencionó que el comité de ferias tenía su sede en una edificación cercana al Malecón de Puerto Cabello, lo cual asumía una connotación importante por su proximidad al mar: “A las ferias siempre se les vinculó con el mar, de allí viene su slogan y por eso hubo también actividades acuáticas y playeras”, señaló.

Por otra parte, doña Nelly habló con mucha emoción de la “gigantesca” caseta que se instalaba en un amplio terreno ahora asiento del edificio Campo Alegre, en Rancho Grande, allí contó que presentaban grupos musicales y la gente bailaba hasta más no poder. Recordó que la programación en ambas oportunidades abarcó lugares como el Estadio Municipal, el Teatro Municipal, La Planchita, una Plaza de Toros que se improvisó en el sector Bartolomé Salom, un Bowling donde hasta hace poco funcionó la discoteca Bongos y el popular Club El Recreo, sitio en el que se agasajaba a la reina en un ameno baile con orquestas de renombre. 

“En ese tiempo se escuchaba mucho La Billos, Los Melódicos, Luis Alfonso Larrain, Porfi Jiménez y otros... Era música para bailar y después de las ocho de la noche comenzaba la fiesta en la caseta. La gente iba dispuesta a disfrutar”, detalló con admirable lucidez.

Para la época, la señora Miriam García era secretaria del maestro Ítalo Pizzolante, y fue otra testigo fiel de las ferias: “El comité de la primera feria estuvo presidido por Oscar Castro Duarte, presidente del Concejo Municipal, a quien acompañaron Ítalo Pizzolante, Miguel Freites, Raúl Batista, Oswaldo Kuper, Gaston Brunicardi, entre muchos otros. Este directorio se nombró en marzo en el Club Italia, ubicado para entonces en el paseo del malecón. Recuerdo que Jesús Filardo Rodríguez, Gobernador del estado Carabobo, dio un aporte de 100 mil bolívares y el Concejo Municipal del Distrito 20 mil, para el desarrollo de las actividades. En la segunda oportunidad Ítalo Pizzolante presidió la coordinación general junto a Oswaldo Baptista”, aseguró.

Popularidad dentro y fuera del país  
Las ferias lograron satisfacer tanto la expectativa de la población, que –según comentó la señora Miriam- fueron consideradas como las mejores del país, fama que incluso llegó a traspasar las fronteras de Venezuela, lo que también se refleja en una pequeña nota de la revista “Punta Brava”, durante los preparativos de la segunda feria:

Ahora cuando en este año 1970 se prepara Puerto Cabello con inusitado entusiasmo para celebrar sus segundas ferias, es propicia la oportunidad para recordar con grata complacencia aquel magno evento constituido por las primeras ferias, las cuales resultaron tan extraordinario éxito. Fueron alabadas por todos los sectores, no sólo los locales, sino nacionales e internacionales, a punto de haberse dicho de ellas que fueron en su realización las verdaderas y auténticas ferias de Venezuela.

Con especial agrado, la señora García evocó los espectáculos taurinos, cuya comisión integraba su esposo, Alfonso Bastidas. Al respecto, refirió que toreros como Joselito Álvarez (porteño), Gabriel de la Casa (español), César y Efraín Girón (maracayeros), y Manolo Martínez (mexicano) estuvieron en la Plaza de Toros de Puerto Cabello.

“En la feria del 68 hubo un Festival de la Música Porteña en el Teatro Municipal, donde estuvieron Magdalena Sánchez y Yolanda Moreno. En el Estadio Independencia, antes conocido como Estadio Municipal, se hizo una demostración de Equitación con el Club Hípico de Carabobo, además de los campeonatos acuáticos y de bowling, sin olvidar la presentación de la soprano lírica venezolana Rosalinda García, durante el festival de la música”, agregó.

Igualmente, reveló que tuvo la oportunidad de ser parte de la organización de unas jornadas sobre “Orientación turística” que se efectuaron en el marco de la primera feria de Puerto Cabello, en Diques y Astilleros Nacionales Compañía Anónima (Dianca).

Respecto a esta irrepetible experiencia, Oscar Mayentíes, miembro de la organización Centinelas de la Historia de Puerto Cabello, aportó un interesante dato sobre algunas de las bondades que tuvieron las ferias: propiciar un significativo reencuentro con otros porteños que hacía muchos años se habían marchado de la ciudad, pero que ahora encontraban una seductora variedad de atracciones durante más de cinco días consecutivos en distintas partes del municipio, lo que lo hizo destino obligado para muchos de ellos. 

“Venían desde varias parte a visitar a Puerto Cabello, se reencontraban de nuevo muchas familias, amistades y conocidos, porque aquí casi todos nos conocíamos y nos manteníamos al tanto de muchos de los que se iban. Eso era bastante llamativo”, acotó durante una pequeña entrevista.

Incluso, el texto que acompaña una fotografía publicada por aquellos días en la revista “Punta Brava” dice textualmente que el viernes 6 de septiembre de 1986, durante una sesión solemne del Concejo Municipal fueron declarados huéspedes de honor todos los visitantes.

Primera soberana popular
Leonor Pinosh fue la primera reina de estas festividades, y a sus 62 años aún guarda con mucha nitidez interesantes detalles de aquellos días.

“Al casting asistieron muchísimas aspirantes. Todo el proceso de selección se hizo en el Club Ítalo, que estaba antes en la calle Bolívar. Fueron tres tandas hasta que quedamos sólo cinco finalistas, pero la elección y coronación se hicieron en el Estadio Independencia, donde colocaron cinco urnas con las fotos de las candidatas en las entradas del lugar para que el pueblo eligiera su favorita. Una vez que cerró la votación, se contabilizaron los votos y resulté ganadora. Fue muy bonito porque la gente fue la que eligió”, contó durante una amena conversación sostenida vía telefónica.

Esta amable señora, cuya belleza en su juventud todavía recuerdan muchos porteños de la época, dejó su ciudad natal hace 18 años para establecerse con su familia en la Capital, donde junto a su esposo comparte la alegría de cuatro hijos y una nieta de pocos meses de nacida. Con mucho interés relató además que los días previos a la elección las finalistas tuvieron una serie de entrevistas en radio, así como cuñas y publicidad popular. “Yo tenía un slogan, era 'mariferiate con Leonor' y recuerdo que la empresa que me patrocinaba era Cantv”, apuntó la reina.

Y sobre esto en particular, reseña un artículo de un semanario de aquellos días llamado “Vanguardia”:

Leonor resultó electa reina. Todo el mundo está contento, nadie se atrevería decir que hubo fraude. Su campaña, que junto a la de Albania Rojas fueron las más populares en realidad, estuvo dirigida por un grupo de excelentes publicistas: Coromoto Hidalgo, Ana Mercedes Pardo, Cora Álvarez, María Luisa Romero y Aideé Macareño.

Entrada deslumbrante
El 24 de agosto de 1968, la señorita Pinosh hizo su aparición en el Estadio Municipal a bordo de una carreta adornada con flores y tirada por caballos. Su atuendo era un traje típico llanero pero en lugar de usar una falta hasta las rodillas o pantalón, llevó una minifalda que atrajo las miradas de todos los presentes. 

“Esa presentación causó gran impacto en el público porque fue muy original, tanto el vestuario como la forma en la que entré. El traje era muy lindo, se asemejaba a uno de los que utilizó la Miss Venezuela de la época, Peggy Kopp, sólo que ella usó pantalón”, recordó claramente.

De esa ocasión también aludió los “espectaculares” fuegos artificiales que repletaron el cielo tras la coronación, al tiempo que mencionó a Reina Noguera, Tatiana Kodinsky, Albania Rojas y Luisa Isabel Rojas, quienes fueron sus damas de honor y acompañantes durante el resto de las actividades feriales a las que asistió. 

Como premio, Pinosh tuvo la fortuna de hospedarse en el Hotel Cumboto, uno de los mejores en sus tiempos, así como de asistir a cenas y almuerzos en sitios como el Rotary Club, Club Los Leones y el Ferrobar, además de ganar cinco mil bolívares para la compra del ajuar que usaría en los días de la feria. Sobre este particular, por cierto, indicó que Nelly de Pizzolante y Yolanda de Flores la acompañaron en tan importante misión.

Cómo olvidar la serenata en el balcón del Palacio Municipal: “Eso fue a las 12:00 de la noche y había muchísima gente, en esa oportunidad el tenor venezolano Manuel Pérez me cantó románticos temas de antaño junto a la Estudiantina”, detalló.

La primera reina continuó haciendo gala de su buena memoria al referirse a los trajes preferidos de su ajuar. “El que más me gustó fue el que usé para la coronación, que fue en septiembre: era un vestido blanco con falda ancha plisada y en la cintura tenía detalles bordados en piedras swarovski, llevaba zapatos cerrados blancos y el peinado era bastante alto y muy al estilo de los 60. El otro traje fue el que usé para el baile en el Club Recreo: ese era estilo princesa, largo, color manzana y tipo strapless. A la altura del busto tenía unos vuelos de organza y llevaba un peinado que dejaba algunos bucles colgando hasta mis hombros”, explicó.

Refrescando la memoria con ayuda de un ejemplar de la revista “Venezuela Gráfica”, Pinosh encontró un interesante dato sobre los resultados de la elección: ella obtuvo unos 2.449 votos, 1.587 correspondieron a Albania, 920 a Reina, 346 fueron para Tatiana y 336 votos de Luisa Isabel. 

El también recordado Dr. Miguel Flores, a sus ochenta y tantos años, igualmente conserva vivencias y material de tan especiales momentos. En la actualidad, vive en la ciudad de Valencia con su esposa, Yolanda de Flores, y demostró inmediatamente gran interés –como el resto de los entrevistados- por compartir su arsenal de recuerdos. 

De esta manera, con un par de copias en mano de la revista “Punta Brava”, la cual dirigía para la fecha, ayudó a su memoria a evocar de nuevo aquellos días: “Yo fui coordinador del Festival de la Canción Porteña en el 68, viajé a México y logré entrevistarme con un alto funcionario del Gobierno, con quien logré que el arreglista Teo Borrel y un grupo de motorizados acróbatas vinieran en ocasión de las ferias”, señaló.

En cuanto a la feria de 1970, destacó actividades como la romería del milagroso Cristo de la Salud de Borburata, la exposición industrial a la que asistió el Gobernador carabobeño de la época, las competencias de motonáuticas que atrajeron la atención de miles de espectadores, las corridas de toros, la celebración de la tradicional Bendición del Mar, la presentación de Simón Díaz en el Teatro Municipal y por supuesto la segunda soberana de la belleza porteña: Virginia Peraza, a quien también se le ofreció una serenata en el balcón del Palacio Municipal, en esta oportunidad en la voz de Ítalo Pizzolante con acompañamiento de nada menos que la Rondalla Tapatía de México.

Para la feria del 70, el Dr. Flores conformó el Comité de Ferias y Festivales del Distrito Puerto Cabello, decretado por el Concejo Municipal mediante ordenanza publicada en Gaceta el 4 de diciembre de 1969. Según indica la revista “Punta Brava”, la segunda feria se desarrollaría del 4 al 13 de septiembre de 1970.          

En un artículo de esta misma publicación, se especifica lo siguiente sobre los preparativos de esta segunda edición:

En general, la programación contendrá variadísimos aspectos, los cuales han de tender a crear un equilibrio y variedad en dichas ferias, cuya caracterización es precisamente evitar los determinismos o exclusivismos, que por cierto es lo que ha caracterizado la mayor parte de las ferias en Venezuela (unas son eminentemente taurinas, otras industriales, etc.).


Iniciativa sin relevo
El arduo trabajo que implicaban estas ferias, la entrega y coordinación asumida por sus primeros organizadores, probablemente era un precio que no muchos estaban dispuestos a pagar. De tal forma que no hubo un relevo en los años sucesivos.

“La gente envejece y después ya no se tienen las mismas fuerzas ni la misma disposición, por eso es tan necesario que vayan surgiendo relevos, porque de lo contrario cómo garantizas la continuidad de las tradiciones, y a veces es bastante difícil recobrar estas iniciativas, falta mucha voluntad y compromiso”, aseveró el cronista de Puerto Cabello.

No obstante, esta experiencia indiscutiblemente marcó una pauta en la historia de Puerto Cabello, siendo una muestra de que en efecto la ciudad no sólo se ha caracterizado a lo largo de los años por poseer una valiosísima riqueza natural y entre sus calles las huellas de importantes gestas heroicas, sino además por llevar en su ADN el gusto por participar con entusiasmo en celebraciones populares, templetes, romerías, bailes, saraos y pare de contar.  

Según los testimonios y relatos conocidos sobre el gentilicio porteño, desde los primeros años de población, sus habitantes han reflejado una notable afición por las fiestas colectivas, aunque los feriados nacionales y las efemérides eclesiásticas propiciaban con mayor frecuencia las celebraciones. La necesidad de crear y contribuir de alguna forma con estas sanas opciones de entretenimiento era una constante en el colectivo, lo que se confirmó una vez más con la acogida de las ferias por parte del pueblo.  

La prueba de que hace poco menos de medio siglo, la generación de la época estaba todavía dispuesta a participar de manera entusiasta en iniciativas que, por sobre todas las cosas, llevaran como ingredientes infalibles mucho ritmo y sabor. 

(PREMIO DE PERIODISMO "ARTURO COLMENARES" DE LA CÁMARA DE COMERCIO PUERTO CABELLO 2012)

Pauta exprés: Mimos, más de 20 años formando artistas

Foto cortesía FB


Más de 20 años formando a pequeños y jóvenes artistas  
Yasmín Sánchez, “Mimos”: La creatividad es el mejor don con el que cuento



Nayarit Frontado López.-

Rodeados de la colorida presencia de hermosas niñas, payasitas y bailarinas, conocimos más de cerca sobre la personalidad de la polifacética Yasmín Sánchez, mejor conocida como “Mimos”, además de la labor que desde hace más 20 años lidera al frente de la Academia Artística Integral “Payasitas Mimosas, todos talentos”.

“Las Mimosas surgieron a raíz del último espectáculo que diera Juan Corazón en el Teatro Municipal de Puerto Cabello, en el año 1992, cuando me pidieron que vistiera a cuatro niñas de payasitas para que participaran en el show. Las chicas gustaron y un productor se me acercó para proponerme que formara un grupo de payasitas para animar los carnavales de Puerto Cabello, y luego de la aprobación de las chicas conformamos Las Mimosas”, recordó.

“Mimos” considera que su don más especial ha sido siempre la creatividad, por lo que desde 1989 ha trabajado con niños y niñas en diferentes escenarios artísticos, además de preocuparse por su formación profesional y su rol de madre.

Con la emoción de una mujer con profundo sentido de dedicación y amor por lo que hace, comentó que el trabajo con los chicos aún cuando requiere de mucha paciencia también está lleno de gratas satisfacciones: “Ellos son una motivación especial, sinceros, fieles y dan para todo. Yo me dejo llevar por su espontaneidad también”, aseguró.

Desde muy joven siempre sintió inclinación hacia la música y la actuación, participó en la Escuela de Música “Augusto Brandt” y en la Orquesta Sinfónica Juvenil de Puerto Cabello, donde tocó el violonchelo. “Mimos” en todo momento se ha interesado por su preparación profesional participando en talleres, seminarios y cursos relacionados con el mundo de las artes escénicas. Sin embargo, confiesa que nunca tuvo interés de figurar individualmente en alguna de estas disciplinas, pues su propósito más ferviente ha sido siempre aprender para enseñar.

La disciplina y el profesionalismo de su academia le han dado como recompensa el éxito artístico de muchos de sus alumnos, siendo un gran ejemplo de dedicación y pasión por la formación de pequeños y jóvenes artistas porteños.  

(ARCHIVO MATICES MAGAZINE 2012)

Hablando como los locos: Las mañas en la infancia



Nayarit Frontado López.-

Es increíble la cantidad de anécdotas que hay tanto propias, de nuestros padres y otros familiares respectos a las manías que tuvimos en la infancia, las de nuestros hermanos, primos, tíos, etc. Éstas muchas veces se debaten entre lo insólito y lo risible. Más allá de usar chupón o chuparse los dedos existen innumerables mañas que en algún momento del desarrollo formaron parte de nuestra rutina y  que seguramente a papá y mamá le causaron cierta molestia o preocupación.

Precisamente pensando en las mañas de mis hijos, especialmente las del mayor, he recordado las mías y las de familiares y algunos amigos que al compartirlas en esta ocasión te animarán a dar un repaso por aquellas experiencias que en tu núcleo familiar has escuchado en cuanto al tema.

Había una vez una niña que jugaba con la oreja de papá o mamá hasta quedarse dormida. Sí, esa era yo! Pues bien, increíblemente la maña la heredó mi hijo mayor, aunque con ciertas adaptaciones, más incómodas diría yo (lo cual no es exactamente avalado por los abuelos, claro está).

Alguien más de la familia acostumbraba rozar las pestañas de quien tuviera la tarea de dormirla o simplemente mientras veían televisión. Conozco a otra personita que chupaba la mamila del tetero mientras jugaba con su ombligo. Una más podía oler durante todo el día el sostén de la mamá previamente usado. También recuerdo una que le acariciaba el pulgar al papá, y el de la almohadita, el pañal, y pare de contar.

Mi amiga pediatra Ysa Carrera, conversando sobre los casos que ha escuchado en sus consultas del Centro Policlínico La Viña, me comentó la manía de algunos niños de tocar el pezón de mamá o simplemente meter la mano por dentro de su blusa para dormir. Respecto a la normalidad de estas y otras prácticas, por cierto, me aseguró que no deberían representar preocupación siempre y cuando no sean el producto de estrés, ansiedad, miedos desmedidos y por supuesto también dependiendo de la edad del niño, ya que después de los cinco años deberían desaparecer.    

Lo que sí no tiene discusión para los pediatras es que debe evitarse a toda costa el uso del chupón como el chuparse los dedos, ya que estos hábitos son perjudiciales para el proceso de dentición definitiva y fonación que empiezan entre los cinco y seis años, según refieren algunos textos. Gracias a Dios mis monos (como cariñosamente los llamo) nunca fueron amigos del chupón, para ellos ningún tipo de succión no nutritiva ha calmado las típicas rabietas infantiles, que por lo general para muchos padres es la principal utilidad que le da "sentido" a estas costumbres! 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Paréntesis: De mi viaje a Cali...


Cali: Todo un pueblo que inspira, como dice la canción 

Última noche en Cali, Colombia. Día nueve. Luego de conocer La Ermita y contagiarme del ambiente festivo que da la bienvenida a la famosa feria caleña, estoy contenta, el viaje ha valido la pena.
Son las 7:31 de la noche y la brisa fresca me acaricia como todos los días que estuve aquí. El taxista lleva una emisora con salsa, la música que hace de Cali su capital. Hoy la feria arrancaba con el "salsodromo", desde la 1:00 de la tarde, según leí en El País. 

Las calles se plegaron de vendedores de sombreros, ruanas y demás productos típicos de Colombia a lo largo del camino por el que pasa el desfile con más de 10 escuelas de salsa. Lamenté no haber sido uno de esos 400 mil espectadores que de acuerdo al noticiero de una televisora regional asistieron a esta actividad de apertura.

Ya organicé las maletas para volver a Venezuela. Prácticamente fue un milagro empacar todo: ropa usada y limpia, además de los "recuerditos" y regalos recibidos por quienes nos acogieron en su tierra y en sus casas.
Me llevo también el afecto de las familias Lozada y Ocampo, y otras personas allegadas a ambas. Gente atenta, educada y muy cariñosa que realmente me hicieron sentir como en casa y a Jeremy igualmente con tantos mimos. Joan, por su parte, refrescó la memoria con algunas personas que hacía años no veía y conoció a otros parientes con quienes no había compartido antes.

La humildad y la diligencia del tío Freddy, las tías Emérita y Silvia, las primas Yamileth, Maricel, Enerieth y las lindas Carol y Mery siempre recordaré con agradecimiento. Así como las atenciones de Adalid, Maryory, Mercedes, Horacio con su invitación a comer deliciosas pizzas de pollo, tajadas y demás inusuales ingredientes; la tía Lety, Geraldine y "el flaco" Carlos junto a su familia. Guardaré cada instante en mis pensamientos con alegría y cierta nostalgia. La tía Emérita ha dicho que extrañará mucho a Jeremy, cabizbaja y con los ojos nublados. "Hacía tiempo no había un niño en la casa", dijo mientras observaba a Jeremy corretear por la sala esta última noche en San Luis.

La tía Silvia me dio temprano unos bolsitos tejidos por ella, la prima Geraldine vino a despedirse y me obsequió una linda pulsera también tejida por ella misma. Yamileth igualmente  me dio un reloj sujetado por trenzas de su propia creación. Y en Noche Buena Ene nos obsequió estupendos regalos del Niño Dios a todos. A mí me regaló un hermoso cuadro de la Sagrada Familia, más acertado imposible.
De tal modo que me llevo muchos presentes pero sobre todo mucho afecto.

En cuanto a la ciudad quedé complacida. Calles aseadas, coloridas, el transporte organizado, juiciosos frente al volante, respetuosos de los semáforos (les llegan fotomultas a quienes se comen la luz), y el MIO es toda una aventura. Un medio de transporte que llegó a Cali para mejorar el traslado de sus habitantes, las unidades tienen aire acondicionado, asientos especiales para embarazadas, minusválidos y personas con niños en brazos. Las paradas son respetadas por todo conductor. Poseen 23 puestos y capacidad para llevar sólo 57 personas de pie. Y lo de "aventura" en realidad lo digo porque la vez que tomamos estos buses con las primas Yamileth y Maricel nos divertimos un montón escogiendo puestos y conversando mientras llegábamos a Chipichape, el centro comercial más famoso de la ciudad.

Sin dudas, la visita más significativa del viaje la hicimos al cementerio donde está sepultado el señor Manuel, mi suegro. El Camposanto Metropolitano de Cali a pesar de ser público se encuentra en muy buenas condiciones. Rezamos un Padrenuestro, Avemaría y otras plegarias. Jeremy besó la lápida del abuelo. Joan permaneció por varios minutos en cuclillas frente a la tumba. Sonia y mi suegra se permitieron algunas lágrimas. Era la visita obligada, pero no por "cumplir" sino por "reencontrarse" de algún modo con ese padre y esposo amado, que dijo adiós hace ya más de 10 años y que no deja de estar presente ni un solo día en anécdotas cotidianas.

La Hacienda El Paraíso, ubicada en el Valle del Cauca, hogar del escritor colombiano Jorge Isaac y convertida en museo desde los años 50 fue el destino para mí más inolvidable, un sueño hecho realidad estar allí; así como la visita al Señor de los Milagros, en Buga. Luego en Panaca, en el departamento de Armenia, a tres horas de Cali, Jeremy alimentó cerditos, corrió tras ellos en un concurso y montó un pony sin miedo alguno, en un carrusel de verdad.      
También fuimos a un centro comercial llamado La 14, al parque La Caña, conocimos la plaza del Gato del Río, subimos al Cristo Rey y también estuvimos en el centro comercial Unicentro.

La Navidad se respira en toda Cali, los barrios brillan con luces de todos los colores y hasta el más humilde decora su vivienda con guirnaldas, flores y demás objetos navideños, entre los que no puede faltar el pesebre. El ambiente es festivo y la devoción con la que rezan las novenas al Niño Dios es admirable. Los niños son los protagonistas. Cantan al son de las maracas moldeadas con la figura de San Nicolás: “Dulce Jesús mío, mi niño adorado. ¡Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto!”

La comida es muy rica. Los fríjoles, las “fritangas” (buñuelos, pandebonos,), la arepitas de maíz, y saborear el famoso café Juan Valdéz sencillamente no tiene precio.  Ni hablar del jugo de caña, la caña de azúcar es uno de los más importantes cultivos del Valle del Cauca.

Y sin duda cada vez que escuche “Volví a nacer” de Carlos Vives obligatoriamente me transportaré a los locales de comidas adyacentes al Puente Ortiz, desde donde se aprecia el Río Cali y donde el sabor de ricos platos internacionales se complementaba perfectamente con el ambiente musical de la zona, justo un día antes de iniciar las ferias.

En fin, comprobé el eslogan de un comercial de promoción turística de Colombia: “Colombia, el único riesgo es que te quieras quedar”.     

(Perdón si se me escapa algo o alguien, lo más seguro!)

Diciembre de 2012.

martes, 12 de agosto de 2014

Hablando como los locos: Mujer en taxi




Nayarit Frontado López.-

Los cuentos de la vecina, de las amigas de una amiga nuestra, de un total desconocido con quien conversábamos mientras esperábamos el turno de una consulta médica, las noticias del periódico, de la tv, de la radio, el caso que leímos en aquella página de internet y un largo etcétera de referencias que nos llegan de distintas partes sobre los delincuentes disfrazados de taxistas, nos hacen irremediablemente sentir verdadero pánico al abordar un vehículo con un extraño al volante.
Nos dicen y hemos aconsejado cientos de veces escoger un taxi de línea pero cuando el tiempo apremia la prisa levanta nuestra mano y nos vamos con el primero que se asome. Entramos al carro y luego de anunciar nuestro destino empieza el trauma. Aunque hoy en día esto ocurre independientemente de que sea o no un taxi de línea.      

Ya a bordo lanzamos una mirada de reconocimiento: puertas con manillas, el seguro es manual, este vidrio baja, qué hay en el asiento delantero, qué tiene en la mano el chofer… ah! es un celular (respiramos profundo), me está mirando mucho, se nota calmado… Me acaba de hablar… ¿Disculpe? – Si me puedo meter por esta calle porque en la otra hay mucha cola – Mmm… (Lo dejamos en “R” por unos segundos que a él le parece una eternidad porque debe girar pronto al atajo) Y esbozamos un “si” con toda la desconfianza que se puede tener en la vida al tomar ciertas decisiones.

Continuamos la inspección con el típico drama que nos ocupa: Por lo menos la calle no está tan sola, voy a saludar a cualquier desconocido que vea por si acaso, allá va una patrulla de la Policía también los voy a saludar, mejor hago como si hablo por teléfono con alguien a quien supuestamente le describo el taxi y hacia donde me dirijo, puede ser un mismo amigo policía… Listo. 

Ni hablar si el taxista va a gran velocidad o cae en todos los huecos que se consigue o lleva una música que reproduce historias de perversión de Sodoma y Gomorra (sí, ese reguetón tan vulgar que acabas de recordar). Bien y si ahora es él quien habla por teléfono –y lo hace en decibeles indescifrables- la alarma de alerta se te enciende con la señal de costumbre: palpitaciones. Dios mío cuídame, protégeme por todos los cielos, no quiero morir, perdona todos mis pecados, te prometo que… Este tipo es un bicho, para qué me confié, hubiese esperado un rato más otro taxi Dios mío… ¿Qué tengo en el bolso? Bueno, un cortaúñas con navaja podría salvarme la vida tal vez, pero y si está armado! Mejor me tiro del carro. Bueno chica ya deja la paranoia, no va a pasar nada, ya hubiese actuado si tuviera mala intención. Pero como que me mira más de la cuenta, está como inquieto… Abrió la guantera, hasta aquí llegué!!! Ah! es un CD, Santo Dios qué susto. Ay gracias Señor, ya llegué… No me vuelvo a montar en un taxi en mi vida!! 
Típico no? Y sabemos que no es para menos. 

lunes, 11 de agosto de 2014

Breve oficio: Un misterioso trayecto a casa


A las 3:00 de la tarde ya había abordado el autobús. Verónica regresaba de un lluvioso día de clases. La espesa atmosfera se regaba por toda la ciudad y las gotas de lluvia se enfriaban rápidamente. Llevaba una chaqueta de jean y un paraguas, sus pies sin embargo se entumecieron con el rocío del aire y los charcos que esquivaba con unos calzados semi descubiertos. Compró el pasaje y se montó en el vehículo anegado por el tiempo húmedo. Viajó del instituto hasta La Hacienda, donde tomaría otro transporte para llegar al pueblo. De nuevo sintió un febril escalofrío y sus manos esta vez se entumecieron. Empezaba a teñirse gris el paisaje. Había frío, demasiado, y escuchó que hubo varios estragos en la ciudad. 

Al abordar el segundo autobús hacia San Bernardino una sensación de tranquilidad le devolvió el calor al cuerpo, se sentó junto a la ventana y al cabo de unos minutos emprendió la ruta. Canceló el pasaje y avisó con antelación su parada. Un leve adormecimiento la obligó a cerrar el libro que leía, estiró un poco las piernas y bostezó con las manos atajando el aliento. Miró a los lados y echó un último vistazo afuera… Los chorros de agua se hicieron más frecuentes y redondos, las gotas caían como piedras sobre las ventanillas del autobús y el techo de éste. 

Otra vez el frío retornaba, ahora acompañado de una espumosa niebla. El chofer empezó a andar despacio y la gente se asomaba a curiosear entre la inhóspita brisa. Murmuraban y advertían al conductor que mantuviese una velocidad prudente en la desdibujada carretera. El hombre cuyos lentes eran inmensos, al igual que sus ojos, por momentos perdía toda visión y sentido de orientación. Unas mujeres que se habían colocado adelante aunque atemorizadas trataban de guiarlo con astuta precaución femenina. Verónica, con una mirada convulsiva,  veía cómo el cielo se dejaba caer sobre las montañas invisibles, sobre los árboles impalpables y el resto del paisaje velado. 

Los temerosos comentarios despertaron a algunos niños que viajaban dormidos en los asientos traseros, al ver que sus madres los habían abandonado (mientras veían a través de los vidrios) empezaron a llorar desconsoladamente. No había rayos ni relámpagos, sólo una fuerte y escurridiza lluvia que amenazaba con detener los autos. En la vía a penas se observaban las luces de los vehículos, encendidas desde que arreció el aguacero. La neblina pronto cubrió todo y entonces sucedió lo indeseable: el autobús dejó de funcionar. Las mujeres se miraron a las pálidas caras, los pocos hombres a bordo se pararon de sus asientos, debían salir a revisar el motor, la distribución, arreglar la avería con urgencia. 

De pronto, una mujer que miraba hacia el pavimento volcó un grito consternado y dijo perpleja <<Señores, nos inundamos>>. El mar de lluvia comenzaba a cubrir el autobús,  poco a poco, como una copa que se llena sutilmente de vino. Tenía un color grisáceo y de vez en cuando asomaba escombros y objetos extraños que flotaban resueltamente. Verónica advirtió a los hombres lo peligroso que resultaría abandonar el vehículo, podrían ser arrastrados por la corriente, podría entrar el agua e inundarlos a todos allí dentro. Un tipo grueso y bronceado que vestía un uniforme de la Marina insistió en salir. Los niños aumentaron el llanto, algunas gotas de agua se escurrían por el techo, y ya no se veía nada. <<Yo tengo una linterna, puedo salir con otro de ustedes y verificar qué ocurre. Alguien más sabe nadar>> preguntó. Todos enmudecieron menos los niños que seguían llorando. 

Algunas mujeres les dieron golosinas y juguetes, pero el intento fue inútil. <<Ya escuchó que es peligroso>> dijo una anciana que estaba cerca del hombre empecinado. Se echó una enorme chaqueta de cuero encima y encendió la linterna. <<Iré yo solo, no entrará agua porque aún no llega a la puerta>>. Todo lo que se escuchó fue un grito ahogado. Esperaron pero nada más oyeron sino un fuerte estallido contra una de las ventanas que estaban cerradas, todos voltearon y había una mancha verdosa como de restos de vómitos. Se acercaron al vidrio y ágilmente saltó una criatura de filosos colmillos y boca grande. Los ojos le brotaban y la piel que lo recubría era oscura y ahuecada. <<Es un cocodrilo, un cocodrilo, Dios Santo de dónde salió ese animal>>.  El autobús empezó a moverse con fuerza de un lado a otro, como si el agua y otras cosas aún desconocidas lo empujaran impulsivamente. 

Los gritos reventaron con demencia y otro espécimen saltó contra uno de los vidrios delanteros. Las mujeres se colgaron a los niños en los brazos y los hombres se apresuraron a cerrar las ventanas. Verónica se sentó de golpe, entre el espasmo y la reflexión (alguna explicación tendría todo, alguna manera de salir… Tengo que pensar, tengo que pensar). Las rodillas le temblaban cuando vio uno de estos insólitos animales en su ventana. Logró verle una campanita más allá de la lengua glutinosa y al menos unos veinte dientes calculó en cuestión de segundos. La criatura tenía una mirada hambrienta, se vieron fijamente y sólo después gritó la mujer. El autobús se mecía y el agua aumentaba cada vez un poco más. Otro hombre, con una especie de salvavidas improvisado quiso escapar. <<Tenemos que salir rápidamente o nos comerán, tarde o temprano entrarán y nos comerán>>. El llanto de los niños se unió al de las mujeres. Nadie intentó detenerlo. Era un hombre flaco y palidecido que había observado todo sin moverse del sitio, llevaba un maletín grande de cuyo largos cierres sacó unos atuendos estrafalarios y se los puso. Abrió la puerta con agilidad y se aseguró de cerrarla con rapidez. Tan sólo hubo un eco filtrado de su voz quejumbrosa. 

Todas las valijas, morrales, bolsos y maletines sirvieron para asegurar la puerta. El agua crecía y entonces casi alcanzaba las ventanas. Uno de los bichos daba golpes contra el cristal con su larga cola cubierta de escamas, otro se levantó mostrando su enormidad adherida al limpiaparabrisas. Los gritos se confundieron ahora con los ronquidos del diluvio. Las grietas en el techo no dejaban de gotear. Verónica se aproximó desafiante a la ventana que golpeaba el animal, vociferó algunas maldiciones contra éste y pareció surtir efecto. Se detuvo, y entonces se acercó aún más. El vidrio se agrietó y un minúsculo pedazo le abrió una pequeña zanja en la cara. La bestia se había enfurecido. Otra mujer que iba abordo la alejó del lugar. Verónica seguía insultando a las bestias que ahora también estaban sobre el techo del vehículo. 

El agua ya comenzaba a entrar por el agujero recién abierto de la ventana. La fuerza de las precipitaciones colaboraba con las bestias hambrientas. La brisa, el agua, los bichos allá afuera, los niños dando gritos, las mujeres llorando, y un hombre que en medio de la confusión había pisado su pie <<Disculpe señorita, disculpe, disculpe, señorita, disculpe, disculpe>>. 

Gritó con los ojos bien abiertos y llevó sus manos a la cabeza, entonces miró a un hombre de semblante impaciente que volvió a decirle <<Disculpe señorita, esta es su parada>>. Verónica miró alrededor y algunos ojos la veían compasivos, otras gentes esbozaban una sonrisa burlona que intentaban esconder tras las manos. Hubo quienes todavía viajaban dormidos. Los niños, sobre todo. Abandonó el vehículo avergonzada y confundida al mismo tiempo, con ganas de preguntar si realmente nada había pasado. Olvídalo, pensó de inmediato. Y abordó un taxi hasta su casa. En el trayecto, el chofer preguntó si tenía algún problema. <<Estoy bien, gracias>>. Sacó de su bolso el estuche de maquillaje, se arregló la densa cabellera roja y abrió el polvo compacto. Se encontró con una misteriosa herida fresca en su pómulo izquierdo.

Entretenimiento en el Puerto Cabello de antier

Diversión en otros tiempos 
Parajes de entretenimiento en el Puerto Cabello de antier 


Nayarit Frontado López.-

El disfrute y sano compartir vivieron amenos ratos en la denominada "ciudad cordial" de Venezuela hace más de 40 años, cuando los clubes, cines, restaurantes, fuentes de soda paseos por sitios naturales y actividades deportivas eran una excelente opción para el entretenimiento familiar y entre amigos.

Una admirable característica de aquellos días, según testimonios de quienes comparten sus recuerdos en esta oportunidad, era el ambiente que se percibía: de respeto, camaradería y atención entre el colectivo que coincidía en estos sitios de esparcimiento, muchos de ellos no sólo destinados a los acaudalados de la época sino también a los menos resueltos económicamente. 

Este viaje por conocidos parajes del entretenimiento en el Puerto Cabello de antier lo iniciaremos haciendo una parada en el famoso Club Los Rivales, donde doña Anna Pardo de Jiménez vivió muy gratos momentos entre bailes y fiestas en compañía de su padre, don Carlos Pardo, uno de los miembros fundadores del lugar, así como con dos de sus nueve hermanos y amigas de ese entonces.

“Era un salón grande con una terraza donde estaba la pista de baile y en otra área ubicaban las mesas y sillas. El club fue fundado en 1922 y estaba en Rancho Grande, donde ahora está el CUAM, y según nos contaron una vez su nombre se debía a que sus principales socios estaban enamorados de la misma muchacha, por eso eran rivales. Mi padre fue miembro fundador y teníamos la dicha de poder asistir a los bailes y actividades que se organizaban, porque el acceso era permitido sólo con un socio del lugar”, comentó doña Anna, quien actualmente reside en la Urbanización Las Llaves.

Con singular claridad, a sus 75 años, recuerda entre las festividades celebradas el Carnaval, aniversario del club en el mes de abril, la Cruz de Mayo y Navidad. Además, detalló que los bailes generalmente empezaban a las 10:00 de la noche: “Nosotros nos íbamos caminando con papá desde la casa porque vivíamos cerca y todo era sano. Al llegar al club revisaban una lista de invitados para confirmar si tenías acceso al local. Teníamos también unas libreticas donde apuntábamos con quiénes bailaríamos cada pieza de un set”, refirió.

Cada set duraba entre 40 y 45 minutos y tenía Paso Doble, Bolero, Balada y Meregue o Guaracha. Eran cuatro o cinco sets en una fiesta, contó la señora Pardo. “Había un espacio entre cada set y era cuando la gente aprovechaba de conversar, comer y tomar”, acotó. 

De manera especial también mencionó el “Baile Azul” organizado en el club por el señor Jaime Bracho, al que los asistentes acudieron vestidos del referido color en elegantes tonos y estilos. Adicionalmente, rememoró las presentaciones de Billos Caracas Boy, Los Melódicos y Pedro J. Belisario en tan emotivas fiestas.

“Cada vez que habían estos eventos quienes no podían entrar observaban desde afuera y era lo que se conocía como 'la barra', muchas personas se reunían a las afueras del club y ninguno se coleaba ni brincaba la cerca”, añadió. 

Doña Anna además indicó que “en el club todos los martes pasaban películas buenísimas en pantalla grande y también tenía un bar para socios, sus familiares y amigos. Eran otros tiempos, uno se divertía sanamente”.

La pantalla grande
Nuestra próxima parada será entre algunos de los cines que existían en la ciudad, cuyas edificaciones y estructuras aún se mantienen en algunos casos. Cine Salom, ubicado por el colegio Grupo Honduras, un local sin techo, al aire libre. Cine Tropical que estaba situado al lado del Club Los Rivales, este tampoco era techado, en su cartelera predominaban las películas “amorosas” del cine mexicano. Otra opción era el Cine Capri, cuya sede se encontraba en Rancho Grande, cerca de la Mansión del Pan, era cerrado y uno de los más opulentos de la ápoca con funciones vespertinas de 5:00 a 7:00 de la noche y matinés dominicales.

También figuraba el Cine Rialto situado en la calle Valencia, Cine Metropol en el Pasaje Plaza. En el caso de los cines Capri y Rialto la pantalla era “mascope”, una especie de 3D de acuerdo con algunos testimonios. 

Un dato curioso es que en algunos de estos cines las golosinas que se consumían eran dulcitos caseros como tentalarias, bocadillos de guayaba, besitos de coco, templón, conservas de ajonjolí, dulces de leche y hasta huevos sancochados, según nos comentan algunos consultados al respecto.

Por su parte, el cronista de la ciudad, Asdrúbal González, aclaró que aun cuando estos sitios forman parte de los buenos recuerdos de muchos porteños no todos existieron en la misma época, por lo que refirió al ser entrevistado sobre el tema que los cines más “recientes” entre los mencionados fueron el Tropical y Metropol. “Del resto estamos hablando de hace 50 ó 60 años atrás”, aseguró.

Del mismo modo, recordó que cada cine estaba orientado a un grupo de personas en particular dependiendo básicamente de su economía y sus preferencias en el género cinematográfico. Así agregó algunas anécdotas relacionadas con esta época dorada del sano esparcimiento en Puerto Cabello.

“Frente al Cine Salom, con un real, comprabas arepas rellenas hechas por mujeres holandesas llamadas 'madamas' y la entrada al lugar valía 0.50 Bs. El teatro Municipal en algún tiempo también se convirtió en cine, allí se transmitían musicales de Jorge Negrete y Pedro Infante. Hace alrededor de 40 años hubo un autocine en Quizandal pero fue sólo por un período corto”, manifestó González.

Otras atractivas opciones
Por otro lado, el cronista citó algunos sitios también de interés y bastante visitados de hace 40 y 50 años atrás como el Club de Tenis ubicado en el cruce de la calle Municipio con Democracia, el Estadio Independencia que avivó la afición por el béisbol en Puerto Cabello y se convirtió en un punto de encuentro para la práctica y el disfrute de este deporte, igualmente mencionó una popular fuente de soda y cervecería situada en el Edif. Pizzolante, por la plaza Concordia. 

“El famoso Vesubio, también fuente de soda y restaurante, la Arepera Pomponio ubicada en la esquina de la plaza Barquisimeto, el Hotel Los Baños donde el primer almuerzo de quienes desembarcaban en el muelle era gratis, el Club Nubarrón que se encontraba al final de la calle Democracia, también el recordado y aún más reciente Ferrobar”, agregó el cronista.              

Última estación
Con un esquema mental envidiable y lleno de agradables momentos, el doctor Miguel Flores hizo nuevamente gala de su afecto por la porteñidad y los “viejos tiempos”. Sobre el tema del entretenimiento otrora aseguró que “muchos jóvenes a falta de tener un televisor en casa y teniendo una mentalidad bastante diferente al joven de hoy, se divertían yendo con compañeros o familiares a los pocitos de San Esteban pueblo, al Puente Los Españoles, a Borburata… Eran paseos de contacto con la naturaleza y pasaba uno toda la tarde allí, bañándose, conversando y comiendo. Muchos acostumbrábamos ir a pie, incluso”.

Asimismo, recordó que algunos colegios con cierta frecuencia hacían estas pequeñas excursiones con los estudiantes y como anécdota de aquellas visitas mencionó los para entonces famosos dulces de “cambur pasao” que se hacían y vendían en Borburata.

“Las playas también eran lugares de encuentro, los porteños íbamos mucho a nuestras playas. Quizandal, Gañango, Patanemo, Playa Blanca eran las más concurridas y hace mucho tiempo más atrás se iba también al puerto de Borburata que hoy en día ya no existe”, refirió.

Hablar de los sitios de encuentro en aquellos tiempos y no aludir la Plaza Flores es un pecado para el doctor Flores, quien confirmó que allí ciertamente como sugiere la canción del queridísimo Ítalo Pizzolante se dieron muchos amores: “Esta plaza es un ícono en Puerto Cabello, todas las tardes era un sitio de reunión de muchas familias y amigos porteños, se iba a pasear, a conversar, había cerca una refresquería y allí se compraban bebidas para acompañar las pláticas. Era sin duda muy concurrida y grandes matrimonios iniciaron en esa plaza, como dice el tema de Ítalo, allí quién no tuvo amores”, contó con cierta picardía.

Entre los clubes de la época, el doctor Miguel Flores, destacó el famosísimo Club El Recreo, fundado –de acuerdo a su memoria- un 16 de agosto de 1852, mucho antes que el también popular Club Los Rivales.

“El Club El Recreo estaba en la calle Bolívar del Malecón, rodeado por hermosas casas de distinguidas familias porteñas, es uno de los clubes más antiguos del país. Allí se presentaron Billos, Los Melódicos y muchísimas otras orquestas de la época, incluso recibió la visita de importantes personalidades políticas como Cipriano Castro, quien visitó el club y se hizo socio durante su presidencia, también estuvieron Andrés Eloy Blanco y Jóvito Villalba”, acotó.                 

De igual manera, añadió que en ese mismo lugar hace 40 años operaba un grupo de jóvenes que se hacían llamar miembros del Club La Copa, encargados de organizar y celebrar fiestas, bailes, presentaciones y otros eventos que atraían al colectivo en búsqueda de entretenimiento.

Finalmente, manifestó que “tratándose de deporte, en Puerto Cabello hubo un auge hace mucho tiempo también en disciplinas como beisbol, ciclismo, atletismo y boxeo. Muchos jóvenes y adultos dedicaban gran parte de su tiempo a estas prácticas. Igualmente, se hacían muchos paseos en bicicleta por la ciudad, era una manera de estar en forma y distraerse al mismo tiempo. Por otro lado, muchas empresas, colegios e instituciones tenían equipos de cualquier disciplina y se hacían muchos campeonatos deportivos que también eran muy divertidos”.

Tras realizar este breve recorrido es interesante imaginar que en estos lugares -y seguramente en algunos otros que acá no se mencionan- así como en la práctica de las actividades referidas surgieron mágicas citas entre enamorados, divertidas salidas de amigos, maravillosas fiestas, bailes y momentos idóneos para el encuentro familiar que quedarán grabadas en la memoria sentimental de este pueblo, con la nostálgica satisfacción con que se evoca un pasado así.

Todo esto sin profundizar en aquellas ocasiones en las que el público encontró alguna vez esparcimiento: ferias, carnavales, fiestas religiosas, actividades culturales, que si bien tenían una corta duración y su frecuencia era una vez al año también significaron atractivas opciones para el disfrute de la porteñidad.