Nayarit Frontado López.-
Es increíble la cantidad de anécdotas que hay tanto propias, de nuestros padres y otros familiares respectos a las manías que tuvimos en la infancia, las de nuestros hermanos, primos, tíos, etc. Éstas muchas veces se debaten entre lo insólito y lo risible. Más allá de usar chupón o chuparse los dedos existen innumerables mañas que en algún momento del desarrollo formaron parte de nuestra rutina y que seguramente a papá y mamá le causaron cierta molestia o preocupación.
Precisamente pensando en las mañas de mis hijos, especialmente las del mayor, he recordado las mías y las de familiares y algunos amigos que al compartirlas en esta ocasión te animarán a dar un repaso por aquellas experiencias que en tu núcleo familiar has escuchado en cuanto al tema.
Había una vez una niña que jugaba con la oreja de papá o mamá hasta quedarse dormida. Sí, esa era yo! Pues bien, increíblemente la maña la heredó mi hijo mayor, aunque con ciertas adaptaciones, más incómodas diría yo (lo cual no es exactamente avalado por los abuelos, claro está).
Alguien más de la familia acostumbraba rozar las pestañas de quien tuviera la tarea de dormirla o simplemente mientras veían televisión. Conozco a otra personita que chupaba la mamila del tetero mientras jugaba con su ombligo. Una más podía oler durante todo el día el sostén de la mamá previamente usado. También recuerdo una que le acariciaba el pulgar al papá, y el de la almohadita, el pañal, y pare de contar.
Mi amiga pediatra Ysa Carrera, conversando sobre los casos que ha escuchado en sus consultas del Centro Policlínico La Viña, me comentó la manía de algunos niños de tocar el pezón de mamá o simplemente meter la mano por dentro de su blusa para dormir. Respecto a la normalidad de estas y otras prácticas, por cierto, me aseguró que no deberían representar preocupación siempre y cuando no sean el producto de estrés, ansiedad, miedos desmedidos y por supuesto también dependiendo de la edad del niño, ya que después de los cinco años deberían desaparecer.
Lo que sí no tiene discusión para los pediatras es que debe evitarse a toda costa el uso del chupón como el chuparse los dedos, ya que estos hábitos son perjudiciales para el proceso de dentición definitiva y fonación que empiezan entre los cinco y seis años, según refieren algunos textos. Gracias a Dios mis monos (como cariñosamente los llamo) nunca fueron amigos del chupón, para ellos ningún tipo de succión no nutritiva ha calmado las típicas rabietas infantiles, que por lo general para muchos padres es la principal utilidad que le da "sentido" a estas costumbres!

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