Nayarit Frontado López.-
Muchas son las anécdotas que siempre recordamos de nuestra infancia y juventud en cuanto a la relación con nuestros padres, y aunque seguramente ellos no eran tan parecidos a los papás de nuestros amigos (típico, usualmente nos parecía que los otros eran “envidiablemente” más permisivos) toda mamá –al menos de los 90ꞌ para atrás- poseía una interesante colección de “frases célebres” y expresiones cuya contundencia asustaba hasta al hijo mejor portado y que nada tenía que temer.
Así encontramos por ejemplo la inigualable frase “cuando tú vas yo vengo”, empleada por nuestras mamás en situaciones en las que era indiscutible su largo camino recorrido y experiencia acumulada, con lo cual lograba un inmediato efecto minimizador sobre nosotros.
La famosa “tú crees que yo nací ayer” o algunas de sus variantes como “yo no me chupo el dedo” (acompañado incluso de una sarcástica seña con el dedo en la boca). Esta expresión además de ser más que obvia despertaba en nosotros la terrible sospecha de que mamá ya lo sabía todo.
“Lo que uno te dice te entra por un lado y te sale por el otro”, típico, mamá que se respeta piensa en todo momento que el hijo nunca la escucha (ni el marido!). Otra digna de mencionar es “te tengo en salsa y no de tomate”, vaya usted a saber de dónde salió semejante sentencia pero su traducción era algo así como “una más y no te salvas”, es decir que se trataba de una cierta advertencia o amenaza.
Otra que indudablemente no puede faltar en las mamás de cualquiera generación es la lapidaria frase “cuando tú tengas tus hijos es que me vas a entender”, hijuemadre cosa verídica maternológicamente comprobada!!! Nada más cierto que eso.
Asimismo, el poderoso dicho “cuento tres y llevo dos”, suficiente para convertirnos en flash de un imaginario sopetón. Y qué me dicen de esta otra: “A tu papá se lo voy a decir” en mi caso, por ejemplo, esta era una especie de crónica de una muerte anunciada. Aunque mamá pareciera inofensiva o indefensa ella sabía que este ultimátum era infalible como último recurso.
Continuando con las populares expresiones no podemos olvidar la de “más sabe el diablo por viejo que por diablo” y de ella sólo podíamos entender que en efecto mamá todo el tiempo con sus cosas parecía del más allá.
Y bueno, aquello de “¿yo hablo con la pared?” o “yo no estoy pintada en la pared”, “bájate de esa nube”, “que no me entere yo”, “ya te dije ya”, “mucho cuidadito”, “no respondo”, entre otras, también formaban parte de esa lista tal vez interminable de locuciones que toda mamá usaba en el momento preciso, consiguiendo siempre el efecto deseado. De tal modo que muchas veces gracias a que estos sermones funcionaban nos salvamos de Pedro Moreno, ¿saben no? El que quita lo malo y pone lo bueno: la correa amigos míos. (Yo me pude morir de la risa cuando hace poco le escuché a mi hijo esto, aprendido del abuelo! Jamás lo había oído antes!)

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