Nayarit Frontado López.-
Cada vez que visitamos una peluquería -ya sea que siempre se trate de la misma o que sea una distinta la mayoría de las veces-, podemos fácilmente notar que existen los más variados tipos de peluqueras y muy probablemente nos hayamos tropezado en más de una oportunidad con alguna de las siguientes modelos en cuestión:
Las que no dejan el celular para atenderte bien. Ellas se la pasan contestando llamadas, mensajes de textos, revisan redes sociales y demás sin importarle nuestro tiempo. Para estas peluqueras está claro que más vale una clienta inconforme que morir de curiosidad o ansiedad por evitar unos minutos mirar el teléfono.
Las que cotorrean de todo con su colega de al lado. Con estas te enteras de unas cosas que ni sabías que podían existir. Evidentemente haces un esfuerzo por concentrarte en tus propios asuntos, en esa revista que estás leyendo, en planificar mentalmente el resto de tu día, pero qué va, ese cuento pica y se extiende!!
Las que te queman hasta las ideas. Típico, a quién no le ha tocado pegar un gritico o chuparse los dientes para protestar ante una peluquera que probablemente tenga curiosidad respecto a la resistencia del cuero cabelludo a altas temperaturas y ¡zas! Resultamos ser su conejillo de indias.
Las decididas a averiguarte la vida. Ellas tienen una astucia envidiable para saber si estás casada, soltera, si tienes hijo, si trabajas, si estás desempleada, si haces dieta o te operaste las lolas… Cuánto te costó esa operación chica, mira y tú vives aquí en el Puerto o eres de otra parte, ah si… Yo tengo una prima allá, ella tenía problemas con el marido y se vino también, tú te viniste porque aquí es mejor, verdad? Mmm… Me imagino!... Son expertas aprovechando cada segundo para sacar cualquier información.
Las que te dejan calva y con tortícolis. Pareciera que estas mujeres definitivamente no tuvieron infancia, sabes? Se nota que ni de niñas le jalaron el cabello nunca… Son unas despiadadas cuando se trata de desenredarte el cabello o mientras lo estiran con cepillo y secador.
Las que no entienden eso de "sólo las puntas". El joven manos de tijeras se queda tonto frente a estas expertas en los cortes tipo "honguito", como dice una de mis hermanas. ¿Cuántas veces no hemos salido del salón de belleza con una cara de tragedia y el luto activo por los mechones de cabellos que vimos descender por nuestros hombros hasta caer huérfanos al piso? Eso no se lo deseas ni a tu peor enemiga!!
Y gracias a Dios que ahora los ambientes son por ley “libres de humo de tabaco” porque las peores eran las que fumaban mientras te secaban el cabello. Además de no importarles tu salud (obvio, si ni la de ellas les importa!) te dejaban impregnada de pies a cabeza del espantoso aroma del cigarrillo.
En este sentido, se cumple perfectamente ese refrán de que "para ser bellas hay que ver estrellas", así que probablemente seguiremos sufriendo por aquello de que "antes muerta que sencilla", no?

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