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lunes, 25 de agosto de 2014

Pauta exprés: Del "don de gente" del doctor López Gómez



Del “don de gente” y otros atributos del doctor López Gómez

Nayarit Frontado López.-

En ocasión de cubrir una de mis pautas freelances, y sin tener idea de la fisionomía del personaje con quien había acordado por teléfono una entrevista, llegué a la casa del doctor López Gómez, como es conocido en la ciudad (sin referir necesariamente sus nombres: José Ramón). Me esperaba en su biblioteca, sentado tras el escritorio, como un niño juicioso. Con un tipo de amabilidad que contagia hasta al más indiferente, gracias a la cual me dio la sensación de conocerlo desde hace mucho tiempo (de hecho, curiosamente ese encuentro ocurrió cuando en alguna oportunidad consultó a mi madre embarazada, conmigo en su vientre).

Para empezar me advirtió que debía hablar en voz alta, pues su audición es deficiente. Hablamos de sus recientemente cumplidos sesenta años de graduado, de ese Honoris Causa de la Universidad de Carabobo, recibido en 2007 tras haberse desempeñado por cuarenta años como docente en el área de Obstetricia y Ginecología. Su biblioteca es ahora un tesoro que sin mezquindad abre sus puertas al público, uno de los tantos frutos de su carrera profesional, en cuyas secciones de vez en cuando uno se consigue con libros de su autoría, sobre temas desde científicos hasta de literatura creativa.

El doctor López Gómez es un hombre aún erguido, a sus ochenta y largos años su voz es ronca y pausada pero agradable al oído. Sus palabras tienen cierta musicalidad, a mí parecer, su mirada es profunda y su sonrisa frecuente. Sus manos no tiemblan como cualquiera podría imaginarse, aunque su caligrafía demuestra el peso de los años. Camina apoyado en un bastón que de vez en cuando también usa para abrir y cerrar las divisiones de su estantería de libros. Y se detiene en algunos tramos de la tertulia, escudriñando en su memoria alguna anécdota que contar según mis preguntas.

Conversa sin dejar de mencionar a su esposa, Cira Bracho de López, una enfermera materno-infantil que como él mismo cuenta ha sido un gran apoyo tanto en lo personal como profesional ya que junto a ella desarrolló varios proyectos, relacionados con las especialidades de ambos en cuestión de salud médica.

Justamente, una de estas iniciativas fue el ambicioso Programa de Atención a la Adolescente Embarazada que desarrollaron en un centro hospitalario de la ciudad de Valencia desde 1993, auspiciado por la Organización Panamericana de la Salud y la Fundación W. Kellog. En él estudiaron y asistieron a cientos de jóvenes encinta no sólo en materia de gestación sino también psicológica y emocional, involucrando a sus familiares y allegados en todo el proceso, con el propósito de procurar un ambiente menos hostil especialmente para el bebé y la madre, pese a las diversas complicaciones que conlleva un embarazo en la adolescencia.

En todo caso, este proyecto no sólo se esmeró en la atención sino también en la prevención, asegura el doctor López Gómez, quien aun cuando habla de protección cree fielmente que es posible y necesario promover la abstinencia en esta importante etapa del desarrollo para evitar lo que llama la “sexualidad precoz”, que tantos serios problemas trae consigo. 

Se me harían extensas las líneas en caso de abordar su currículo profesional, cuando en verdad lo que se me antoja interesante es su espíritu jovial y buena disposición. Su escasa audición, su caminar lento, su traviesa memoria o su poca fuerza definitivamente no lo intimidan ni lo distraen de su calidad de buena gente.

Me marché después de compartir un jugo de parchita y con un poemario suyo, el último por ahora –como él mismo me advirtió-, de 2005: Nocturnal, del que quiero  reproducir, para quienes les guste este género, el poema titulado “La canción de la noche” que me ha gustado mucho.

Los árboles se han acostado
muy temprano
y las estrellas asoman sus
puntos de luz
para que los grillos comiencen
pronto su música
los cocuyos de luz ensayan
sus danzas
y la brisa juguetona peina
las oscuras espigas
de las sombras
los duendes imperceptibles de
la nada
penetran el aire cargado de
aromas

y cantan, cantan, cantan


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