Nayarit Frontado López.-
Hoy en día prácticamente no
existe un aviso de empleo que excluya la condición sine qua non de saber trabajar
bajo presión, en un mundo que por otro lado nos invita constantemente a cuidar
la salud y mantener al margen el estrés. Vemos cifras y estadísticas alarmantes acerca de las nefastas consecuencias de una vida agitada.
Pareciera entonces que nos
enfrentáramos a una especie de doble moral globalizada que muchas veces termina
confundiéndonos más y llenándonos de más ansiedad y temor. Conozco
personas que aseguran trabajar mejor bajo presión, no obstante algunos estudios
aseguran que esta condición lejos de considerarse como una virtud es causante
de colapsos nerviosos, depresión, infartos, enfermedades gastrointestinales,
irritabilidad, y un sinfín de otros males.
Al mismo tiempo, persiste la
creencia de que bajo presión se logra un rendimiento más alto entre el personal
de trabajo, lo cual también es relativo y la realidad predica que todo en
exceso acaba siendo bastante malo. La Organización Mundial de la Salud incluso ha
dicho que este tipo de estrés (el laboral) es una "epidemia
mundial" a juzgar por los datos estadísticos que hasta ahora se tienen al
respecto, por lo que se pudiera considerar la novedad epidemiológica del siglo
XXI.
¿Y de qué se trata la tolerancia
a la presión? Pues ahora se ha convertido en una competencia definida como “la
habilidad para seguir actuando con eficacia en situaciones de presión de tiempo
y de desacuerdo, oposición y diversidad. La capacidad para responder y trabajar
con alto desempeño en situaciones de mucha exigencia.” (Alles, Pg 209, 2003). Una definición más corta es “seguir
actuando con eficacia bajo la presión del tiempo y haciendo frente al desacuerdo,
la oposición y la adversidad." (Ansorena Cao, 1996, pg 192).
De un texto construido por D.E
González Robledo para el Departamento de Prácticas Profesionales de la
Universidad EAFIT (2009), en Medellín, encontramos que:
Lo cierto es que no todos pueden desenvolverse adecuadamente bajo
presión. Hay personas que se abruman con rapidez y tarde o temprano deben
buscar empleos de menor exigencia, por la amenaza de sufrir un cuadro de
estrés. La presión laboral puede fácilmente producir grados de estrés nocivos
si la persona no está preparada o no sabe manejarlo bien; en este punto es
importante que identifiquemos hasta dónde "apretar el acelerador".
Cada trabajo tiene un nivel óptimo de estrés: bajo condiciones de trabajo muy relajado
el rendimiento puede disminuir, y, paradójicamente, bajo condiciones de mucha
presión puede ocurrir lo mismo. El óptimo es un nivel medio de estrés, como han
señalado diversos estudios.
De tal modo que siempre es conveniente controlar el ritmo de trabajo y, como dicen todos los especialistas en todas las situaciones, mantener una sana alimentación.

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