Mamá Nayarit
@GuiaCriaFeliz
La infancia está llena de
novedosas experiencias, lo que obviamente no significa que todo sea color de
rosa. Entre esa gama de colores menos “brillantes” se encuentran las llamadas
rabietas, pataletas, berrinches, y pare de invocar… Comportamientos no sólo
inapropiados para el mundo de los adultos sino también altamente temidos por
muchos padres. Y sé que no es para menos, pues también he sentido en carne
propia miradas inquisidoras y prejuiciosas mientras nos ocupamos de restablecer
el “orden” en episodios de berrinches de nuestro hijo.
En ocasiones incluso la gente se
te acerca y te hace preguntas que te muestran claramente la nula comprensión
que tienen de lo que acaba de ocurrir (claro, eso también depende de que tengas
una mínima noción del significado y manejo adecuado de las pataletas). En mi
afán de ir más allá de las tan acentuadas y practicadas corrientes de crianza
autoritaria, y de desmontarlas con la paciencia que a diario suplico al cielo
me otorgue en la difícil tarea de hacer que otros comprendan que hay mejores
medios, he leído interesantes reflexiones sobre el asunto.
Desde luego, no somos padres
perfectos ni tampoco creo que pretenderíamos serlo. Pero nuestro rol en la vida
de nuestros hijos es ante todo y por encima de todo propiciarles un mundo más
amigable, nuestro amor incondicional, la empatía que necesitan por su salud y
bienestar reales, en el ahora y el aquí. En “Poner límites o informar de los
límites” de la escritora Casilda Rodrigañez, me sorprendí al leer sobre los
beneficios de complacer a nuestros hijos siempre, sí siempre, (asegurándonos
obviamente de su integridad y la del prójimo). Pero lo común es “no dejarles
salirse con la suya todo el tiempo”, por eso, nos ponemos siempre más del lado
de los límites que de los deseos de los pequeños. En cambio, como dice la
referida autora “el amor complaciente es muy paciente para explicar e informar
a sus criaturas de los peligros y de los límites de este mundo, y se aprestará
a mostrarles trucos para conseguir la máxima satisfacción de los deseos (…) y
no los borrará nunca de un plumazo, calumniándolos y degradándolos a la
categoría de caprichos”.
Volviendo a las pataletas, la
página KidsHealth posee interesantes y muy útiles consejos. Entre otras cosas,
explica que éstas son parte del desarrollo de los niños y aunque unos tengan
más episodios que otros, o unos sean más desbocados que otros, no tienen que
considerarse negativas o alarmantes. Además, éstas tienden a pasar con cierta
rapidez si se les maneja adecuadamente y a desaparecer a medida que el niño
crece. Las causas van desde el cansancio o el hambre hasta su inmadurez de
comprensión respecto a cómo funcionan las personas, los objetos y sus propios
cuerpos; lo cual no les permite aún saber abordar felizmente aquello a lo que
se enfrentan.
Recientemente, he caído en cuenta
de mis propios errores durante las crisis de enojo de mi hijo, pues pretendía
explicarle las mejores formas de actuar en medio de sus gritos y demás
expresiones de frustración. El resultado siempre era el mismo: “Grito más
porque no te importa lo que siento, te golpeo y hasta escupo porque no siento
que te conectas con mi deseo no saciado, sólo descalificas mis sentimientos
diciéndome cómo debo actuar, y aunque lo haces amablemente no respondes a mi
necesidad concreta en este momento y eso evidentemente aumenta mi descontento”.
Vaya que sería más fácil que nuestros hijos nos explicaran esas cosas así,
¿verdad? Pero no pueden, estar realmente atrapados en sus limitaciones, lo que
no quiere decir que no puedan aprender a comunicarse mejor y controlar sus
molestias y frustraciones; pues justamente esa es nuestra tarea como padres.
Comparto algunos tips que he
encontrado para encarar las rabietas de manera positiva:
1.- Mantener la calma,
convencernos de que son normales en los niños, pero sobre todo de que
desaparecerán pronto, con nuestra paciencia y orientación.
2.- Hacer saber al niño que es
válido enojarse, lo incorrecto es reaccionar con gritos, insultos o golpes. Hablándole
siempre con amabilidad.
3.- Si se percibe mucho estrés en
el niño retirarlo un momento del lugar y tratar de distraerlo en otra cosa.
Cuando esté calmado podremos hablarle sobre lo ocurrido.
4.- Hacer que los niños se
disculpen en medio de una fuerte crisis ni tiene sentido (porque no se le ha
dado tiempo para reflexionar) ni lo convenceremos de hacerlo (sencillamente desconoce
por qué debe sentirse arrepentido), sólo echaremos más leña al fuego. Esperar
que se calme es lo adecuado.
5.- Escuchemos siempre su versión
de los hechos y ayudémosle a expresar sus sentimientos con palabras, llamar a
cada emoción por su nombre.
6.- Nunca reaccionemos con más
gritos y golpes, pues es la conducta que justamente queremos eliminar y eso
sólo la refuerza.
Algunas veces, cuando ya se ha
apaciguado un fuerte episodio de berrinche de Jeremy, aprovecho para contarle
de alguna situación en mi vida en la que he sentido las mismas emociones que él
manifiesta: enojo, frustración, tristeza; y le hablo de los comportamientos
asertivos que he debido tener en esos momentos. De ese modo trato de ser lo más
empática posible y él sin duda lo nota, y lo agradece de alguna manera. Con el
tiempo y la práctica ha aprendido a disculparse sin que tengamos que
recordárselo.
No es fácil… Ni para nosotros como padres ni para ellos como niños, pero
recordemos siempre que no hay nada imposible para nuestro amor incondicional,
no corrompido por mitos o presiones absurdas. Concluyo con esta frase de
Rodrigañez: “La maternidad verdadera y consecuente es un permanente
cuestionamiento del orden social existente”.

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