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"Vivimos en un mundo con exigencias sociales que no permiten criar" Nayarit Frontado López.- Laura Perales Bermejo , ...

domingo, 28 de diciembre de 2014

Tu hijo es único, celébralo!



Mamá Nayarit
@GuiaCriaFeliz

Muchas madres, en su afán de confirmar que sus niños son “normales”, viven haciendo constantes comparaciones entre ellos y otros chicos de su edad. Cualquier oportunidad de relacionarse con otras madres es aprovechada para interrogar sobre los hábitos de sus hijos, habilidades, opiniones dadas por otros pediatras o especialistas, etc. o simplemente observan la conducta de otros niños (que siempre parecerán más obedientes que los suyos) y se escandalizan si hay diferencias marcadas (incluso si notan que esta vez el suyo es el mejor portado).

En la mayoría de los casos esto no ocurre con perversión, y hasta se puede decir que muchas veces es inconsciente. Porque al fin y al cabo toda madre quiere que su hijo marche “normal” según la etapa en la que se encuentre y sentimos una necesidad espontánea de compararlo con otros niños. Que esta “necesidad” (o necedad) no nos juegue una trampa! Nuestro hijo es único y eso hay que celebrarlo. Incluso si hay alguna condición física, mental, etc. que lo distinga de otros niños. Es único, celébralo! Atiende sus necesidades particulares, apóyalo, acompáñalo, confía en él, ámalo de verdad, tal como es incluso si sabes que deben corregir ciertas “cosas”.

Es un error constante demostrar amor a nuestros hijos sólo cuando obedecen, cuando respetan, cuando hacen lo que les pedimos. Una crianza respetuosa parte del amor incondicional: “Ámame cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito”. Hoy en día muchos padres se preocupan si el primito o el vecinito aprende hablar o caminar antes que su hijito, si come más, si se porta mejor, si hace las tareas sin reñir, etc. y cada niño –aunque exista un patrón de comportamiento según cada etapa- es único, es diferente, los mismos estudiosos de dichos patrones lo afirman.

Cada vez que converso con otras mamás me entusiasma escuchar sus anécdotas y experiencias con respecto a sus hijos, me entusiasma de verdad porque constato la genuinidad de las criaturas. Alentémonos en la búsqueda de formas, estilos, acciones, gestos y palabras que influyan con mejores resultados en nuestros hijos. No hay recetas para ser padres y los niños tampoco vienen con manual de instrucción. Cada uno es único, es diferente, todos lo son entre sí aunque tengan ciertas similitudes en muchas otras cosas.


Por eso, es vez de compararlos, criticarlos o cuestionarnos incluso entre padres/madres, mostremos siempre solidaridad y apoyo, ofrezcamos palabras amables, que den paso a la tolerancia y al acercamiento generoso. Recientemente, en el primer cumpleaños de mi hijo menor, una niña hizo rabietas en dos ocasiones distintas por cosas en las que se le podía complacer sin ningún problema, su madre se mostraba apenada, pero con total naturalidad y gusto le ofrecí aquello que ella quería en ambos momentos. La complacencia no es ninguna excentricidad, al contrario denota respeto por los deseos del niño (y sus deseos son vitales aun cuando les cueste expresarlos con “educación” o representen riesgos de algún tipo, en cuyos casos debemos actuar también con empatía sabiendo orientarlos).  Esa niña notó que sus deseos eran validados y afortunadamente eran tan legítimos y desprovistos de peligro que se les pudieron complacer. Por otro lado, no hay nada más grande para una madre que ver a otras personas ser condescendientes y cariñosas con sus hijos. ¿No es verdad? Con mi hijo mayor he vivido escenas similares (y peores) repetidas veces. Y he aprendido, sí, “aprendido” a amarlo también cuando está “de malas”, porque encima soy su principal referencia de autocontrol, amabilidad y respeto, valores que –como toda madre- ansío pueda aprender a practicar.      

¿Y qué hay de las temibles rabietas y berrinches?


Mamá Nayarit
@GuiaCriaFeliz

La infancia está llena de novedosas experiencias, lo que obviamente no significa que todo sea color de rosa. Entre esa gama de colores menos “brillantes” se encuentran las llamadas rabietas, pataletas, berrinches, y pare de invocar… Comportamientos no sólo inapropiados para el mundo de los adultos sino también altamente temidos por muchos padres. Y sé que no es para menos, pues también he sentido en carne propia miradas inquisidoras y prejuiciosas mientras nos ocupamos de restablecer el “orden” en episodios de berrinches de nuestro hijo. 

En ocasiones incluso la gente se te acerca y te hace preguntas que te muestran claramente la nula comprensión que tienen de lo que acaba de ocurrir (claro, eso también depende de que tengas una mínima noción del significado y manejo adecuado de las pataletas). En mi afán de ir más allá de las tan acentuadas y practicadas corrientes de crianza autoritaria, y de desmontarlas con la paciencia que a diario suplico al cielo me otorgue en la difícil tarea de hacer que otros comprendan que hay mejores medios, he leído interesantes reflexiones sobre el asunto.

Desde luego, no somos padres perfectos ni tampoco creo que pretenderíamos serlo. Pero nuestro rol en la vida de nuestros hijos es ante todo y por encima de todo propiciarles un mundo más amigable, nuestro amor incondicional, la empatía que necesitan por su salud y bienestar reales, en el ahora y el aquí. En “Poner límites o informar de los límites” de la escritora Casilda Rodrigañez, me sorprendí al leer sobre los beneficios de complacer a nuestros hijos siempre, sí siempre, (asegurándonos obviamente de su integridad y la del prójimo). Pero lo común es “no dejarles salirse con la suya todo el tiempo”, por eso, nos ponemos siempre más del lado de los límites que de los deseos de los pequeños. En cambio, como dice la referida autora “el amor complaciente es muy paciente para explicar e informar a sus criaturas de los peligros y de los límites de este mundo, y se aprestará a mostrarles trucos para conseguir la máxima satisfacción de los deseos (…) y no los borrará nunca de un plumazo, calumniándolos y degradándolos a la categoría de caprichos”.

Volviendo a las pataletas, la página KidsHealth posee interesantes y muy útiles consejos. Entre otras cosas, explica que éstas son parte del desarrollo de los niños y aunque unos tengan más episodios que otros, o unos sean más desbocados que otros, no tienen que considerarse negativas o alarmantes. Además, éstas tienden a pasar con cierta rapidez si se les maneja adecuadamente y a desaparecer a medida que el niño crece. Las causas van desde el cansancio o el hambre hasta su inmadurez de comprensión respecto a cómo funcionan las personas, los objetos y sus propios cuerpos; lo cual no les permite aún saber abordar felizmente aquello a lo que se enfrentan.

Recientemente, he caído en cuenta de mis propios errores durante las crisis de enojo de mi hijo, pues pretendía explicarle las mejores formas de actuar en medio de sus gritos y demás expresiones de frustración. El resultado siempre era el mismo: “Grito más porque no te importa lo que siento, te golpeo y hasta escupo porque no siento que te conectas con mi deseo no saciado, sólo descalificas mis sentimientos diciéndome cómo debo actuar, y aunque lo haces amablemente no respondes a mi necesidad concreta en este momento y eso evidentemente aumenta mi descontento”. Vaya que sería más fácil que nuestros hijos nos explicaran esas cosas así, ¿verdad? Pero no pueden, estar realmente atrapados en sus limitaciones, lo que no quiere decir que no puedan aprender a comunicarse mejor y controlar sus molestias y frustraciones; pues justamente esa es nuestra tarea como padres.

Comparto algunos tips que he encontrado para encarar las rabietas de manera positiva:

1.- Mantener la calma, convencernos de que son normales en los niños, pero sobre todo de que desaparecerán pronto, con nuestra paciencia y orientación.
2.- Hacer saber al niño que es válido enojarse, lo incorrecto es reaccionar con gritos, insultos o golpes. Hablándole siempre con amabilidad.
3.- Si se percibe mucho estrés en el niño retirarlo un momento del lugar y tratar de distraerlo en otra cosa. Cuando esté calmado podremos hablarle sobre lo ocurrido.
4.- Hacer que los niños se disculpen en medio de una fuerte crisis ni tiene sentido (porque no se le ha dado tiempo para reflexionar) ni lo convenceremos de hacerlo (sencillamente desconoce por qué debe sentirse arrepentido), sólo echaremos más leña al fuego. Esperar que se calme es lo adecuado.
5.- Escuchemos siempre su versión de los hechos y ayudémosle a expresar sus sentimientos con palabras, llamar a cada emoción por su nombre.
6.- Nunca reaccionemos con más gritos y golpes, pues es la conducta que justamente queremos eliminar y eso sólo la refuerza.

Algunas veces, cuando ya se ha apaciguado un fuerte episodio de berrinche de Jeremy, aprovecho para contarle de alguna situación en mi vida en la que he sentido las mismas emociones que él manifiesta: enojo, frustración, tristeza; y le hablo de los comportamientos asertivos que he debido tener en esos momentos. De ese modo trato de ser lo más empática posible y él sin duda lo nota, y lo agradece de alguna manera. Con el tiempo y la práctica ha aprendido a disculparse sin que tengamos que recordárselo.

No es fácil… Ni para nosotros como padres ni para ellos como niños, pero recordemos siempre que no hay nada imposible para nuestro amor incondicional, no corrompido por mitos o presiones absurdas. Concluyo con esta frase de Rodrigañez: “La maternidad verdadera y consecuente es un permanente cuestionamiento del orden social existente”.