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jueves, 14 de agosto de 2014

Puerto Cabello, ferias del 68 y 70

Ferias del 68 y 70
Puerto Cabello: entre templetes, steelbands  y otros recuerdos


Los desfiles de carrozas y comparsas por las avenidas Juan José Flores y Bolívar de Rancho Grande, las famosas steelbands con bailarinas de cuerpos monumentales, los templetes en cada esquina, el olor a cotufas y el sonido estruendoso del hielo raspado, la música bailable por doquier y la camaradería entre propios y visitantes… Recuerdos que aún ocupan un significativo lugar en los corazones de muchos porteños.

Hace 44 años se realizaron en el entonces Distrito Puerto Cabello dos ferias únicas en su estilo, que contaron con una receptividad sin precedentes y se quedaron con nostalgia en las memorias de sus organizadores y participantes, muchos de ellos todavía pueden contarlo y demás conservan publicaciones y fotos de la época que han servido enormemente para complementar sus testimonios.

En primer lugar, es conveniente conocer la visión que en aquel entonces tenía tanto público como promotores acerca de las ferias. Para ello, vale citar el editorial de “Venezuela Gráfica”, destacada revista porteña que publicó el 1° de septiembre del 68 una edición extraordinaria sobre este “pedacito de cielo”, dedicando varias páginas a los preparativos de las primeras ferias:

Es indudable que la orientación dada a estas ferias populares tiende a llevar el mensaje de la cordialidad porteña, al mismo tiempo  que demostrará a propios y extraños lo pujante de una colectividad que no se detiene en el límite de los presupuestos oficiales sino que amplía  su capacidad creadora hacia otros campos que puedan darle provechos lógicos de una excepcional actividad turística.

Más adelante, este mismo texto refiere que con el trabajo periodístico de esta edición 878 se rendía un modesto homenaje al colectivo porteño por su afán de alcanzar el lugar que le corresponde como el primer puerto del país, con gran potencial turístico y ubicación con “gran promisor desarrollo industrial”.

“Eso era un gentío a pie bailando, la gente se volvía loca pero todo era sano, había respeto, ahí nadie se metía con nadie. Aquello era apoteósico y la gente de afuera se llevaba gratas impresiones de Puerto Cabello”, recuerda doña Nelly de Pizzolante, esposa del querido Ítalo, quien fue integrante del comité de festivales folklóricos durante la primera feria y presidente del comité directivo de la segunda. 

Esta abnegada mujer se encargó de las candidatas al reinado, siendo una especie de representante en ambas ocasiones: “Yo iba a sus casas y hablaba con las mamás para que las dejaran participar, y como yo era una persona conocida en la sociedad entonces les daban el permiso”, relató.

La primera de estas ferias se realizó del 7 al 15 de septiembre de 1968, y durante esos ocho días el pueblo disfrutó de múltiples actividades que incluso en algunos casos se desarrollaron simultáneamente. 

“La primera feria fue un éxito total, aunque sólo se hicieron dos, el pueblo demostró una integración impresionante. Toda la ciudad se involucró y vino también mucha gente de afuera, de Valencia, Barquisimeto, Maracay, Yaracuy”, subraya Asdrúbal González, cronista de la ciudad, quien además destacó positivamente la organización que caracterizaba estas celebraciones.

Del mismo modo, el cronista aludió la esmerada labor de personajes como Ítalo Pizzolante, Arturo Pardo, Luis Garcés, Miguel Flores y Giorgio Francini, quienes con gran entusiasmo se entregaron a la organización de las ferias de Puerto Cabello.  

Iniciativa en pro del turismo
“La idea surge como una oportunidad para promover el turismo e incentivar la economía porteña, para lo cual se fijaron unos días estratégicos en los que la gente pudiera realmente asistir y disfrutar de las atracciones”, apuntó González. 

Además, mencionó que el comité de ferias tenía su sede en una edificación cercana al Malecón de Puerto Cabello, lo cual asumía una connotación importante por su proximidad al mar: “A las ferias siempre se les vinculó con el mar, de allí viene su slogan y por eso hubo también actividades acuáticas y playeras”, señaló.

Por otra parte, doña Nelly habló con mucha emoción de la “gigantesca” caseta que se instalaba en un amplio terreno ahora asiento del edificio Campo Alegre, en Rancho Grande, allí contó que presentaban grupos musicales y la gente bailaba hasta más no poder. Recordó que la programación en ambas oportunidades abarcó lugares como el Estadio Municipal, el Teatro Municipal, La Planchita, una Plaza de Toros que se improvisó en el sector Bartolomé Salom, un Bowling donde hasta hace poco funcionó la discoteca Bongos y el popular Club El Recreo, sitio en el que se agasajaba a la reina en un ameno baile con orquestas de renombre. 

“En ese tiempo se escuchaba mucho La Billos, Los Melódicos, Luis Alfonso Larrain, Porfi Jiménez y otros... Era música para bailar y después de las ocho de la noche comenzaba la fiesta en la caseta. La gente iba dispuesta a disfrutar”, detalló con admirable lucidez.

Para la época, la señora Miriam García era secretaria del maestro Ítalo Pizzolante, y fue otra testigo fiel de las ferias: “El comité de la primera feria estuvo presidido por Oscar Castro Duarte, presidente del Concejo Municipal, a quien acompañaron Ítalo Pizzolante, Miguel Freites, Raúl Batista, Oswaldo Kuper, Gaston Brunicardi, entre muchos otros. Este directorio se nombró en marzo en el Club Italia, ubicado para entonces en el paseo del malecón. Recuerdo que Jesús Filardo Rodríguez, Gobernador del estado Carabobo, dio un aporte de 100 mil bolívares y el Concejo Municipal del Distrito 20 mil, para el desarrollo de las actividades. En la segunda oportunidad Ítalo Pizzolante presidió la coordinación general junto a Oswaldo Baptista”, aseguró.

Popularidad dentro y fuera del país  
Las ferias lograron satisfacer tanto la expectativa de la población, que –según comentó la señora Miriam- fueron consideradas como las mejores del país, fama que incluso llegó a traspasar las fronteras de Venezuela, lo que también se refleja en una pequeña nota de la revista “Punta Brava”, durante los preparativos de la segunda feria:

Ahora cuando en este año 1970 se prepara Puerto Cabello con inusitado entusiasmo para celebrar sus segundas ferias, es propicia la oportunidad para recordar con grata complacencia aquel magno evento constituido por las primeras ferias, las cuales resultaron tan extraordinario éxito. Fueron alabadas por todos los sectores, no sólo los locales, sino nacionales e internacionales, a punto de haberse dicho de ellas que fueron en su realización las verdaderas y auténticas ferias de Venezuela.

Con especial agrado, la señora García evocó los espectáculos taurinos, cuya comisión integraba su esposo, Alfonso Bastidas. Al respecto, refirió que toreros como Joselito Álvarez (porteño), Gabriel de la Casa (español), César y Efraín Girón (maracayeros), y Manolo Martínez (mexicano) estuvieron en la Plaza de Toros de Puerto Cabello.

“En la feria del 68 hubo un Festival de la Música Porteña en el Teatro Municipal, donde estuvieron Magdalena Sánchez y Yolanda Moreno. En el Estadio Independencia, antes conocido como Estadio Municipal, se hizo una demostración de Equitación con el Club Hípico de Carabobo, además de los campeonatos acuáticos y de bowling, sin olvidar la presentación de la soprano lírica venezolana Rosalinda García, durante el festival de la música”, agregó.

Igualmente, reveló que tuvo la oportunidad de ser parte de la organización de unas jornadas sobre “Orientación turística” que se efectuaron en el marco de la primera feria de Puerto Cabello, en Diques y Astilleros Nacionales Compañía Anónima (Dianca).

Respecto a esta irrepetible experiencia, Oscar Mayentíes, miembro de la organización Centinelas de la Historia de Puerto Cabello, aportó un interesante dato sobre algunas de las bondades que tuvieron las ferias: propiciar un significativo reencuentro con otros porteños que hacía muchos años se habían marchado de la ciudad, pero que ahora encontraban una seductora variedad de atracciones durante más de cinco días consecutivos en distintas partes del municipio, lo que lo hizo destino obligado para muchos de ellos. 

“Venían desde varias parte a visitar a Puerto Cabello, se reencontraban de nuevo muchas familias, amistades y conocidos, porque aquí casi todos nos conocíamos y nos manteníamos al tanto de muchos de los que se iban. Eso era bastante llamativo”, acotó durante una pequeña entrevista.

Incluso, el texto que acompaña una fotografía publicada por aquellos días en la revista “Punta Brava” dice textualmente que el viernes 6 de septiembre de 1986, durante una sesión solemne del Concejo Municipal fueron declarados huéspedes de honor todos los visitantes.

Primera soberana popular
Leonor Pinosh fue la primera reina de estas festividades, y a sus 62 años aún guarda con mucha nitidez interesantes detalles de aquellos días.

“Al casting asistieron muchísimas aspirantes. Todo el proceso de selección se hizo en el Club Ítalo, que estaba antes en la calle Bolívar. Fueron tres tandas hasta que quedamos sólo cinco finalistas, pero la elección y coronación se hicieron en el Estadio Independencia, donde colocaron cinco urnas con las fotos de las candidatas en las entradas del lugar para que el pueblo eligiera su favorita. Una vez que cerró la votación, se contabilizaron los votos y resulté ganadora. Fue muy bonito porque la gente fue la que eligió”, contó durante una amena conversación sostenida vía telefónica.

Esta amable señora, cuya belleza en su juventud todavía recuerdan muchos porteños de la época, dejó su ciudad natal hace 18 años para establecerse con su familia en la Capital, donde junto a su esposo comparte la alegría de cuatro hijos y una nieta de pocos meses de nacida. Con mucho interés relató además que los días previos a la elección las finalistas tuvieron una serie de entrevistas en radio, así como cuñas y publicidad popular. “Yo tenía un slogan, era 'mariferiate con Leonor' y recuerdo que la empresa que me patrocinaba era Cantv”, apuntó la reina.

Y sobre esto en particular, reseña un artículo de un semanario de aquellos días llamado “Vanguardia”:

Leonor resultó electa reina. Todo el mundo está contento, nadie se atrevería decir que hubo fraude. Su campaña, que junto a la de Albania Rojas fueron las más populares en realidad, estuvo dirigida por un grupo de excelentes publicistas: Coromoto Hidalgo, Ana Mercedes Pardo, Cora Álvarez, María Luisa Romero y Aideé Macareño.

Entrada deslumbrante
El 24 de agosto de 1968, la señorita Pinosh hizo su aparición en el Estadio Municipal a bordo de una carreta adornada con flores y tirada por caballos. Su atuendo era un traje típico llanero pero en lugar de usar una falta hasta las rodillas o pantalón, llevó una minifalda que atrajo las miradas de todos los presentes. 

“Esa presentación causó gran impacto en el público porque fue muy original, tanto el vestuario como la forma en la que entré. El traje era muy lindo, se asemejaba a uno de los que utilizó la Miss Venezuela de la época, Peggy Kopp, sólo que ella usó pantalón”, recordó claramente.

De esa ocasión también aludió los “espectaculares” fuegos artificiales que repletaron el cielo tras la coronación, al tiempo que mencionó a Reina Noguera, Tatiana Kodinsky, Albania Rojas y Luisa Isabel Rojas, quienes fueron sus damas de honor y acompañantes durante el resto de las actividades feriales a las que asistió. 

Como premio, Pinosh tuvo la fortuna de hospedarse en el Hotel Cumboto, uno de los mejores en sus tiempos, así como de asistir a cenas y almuerzos en sitios como el Rotary Club, Club Los Leones y el Ferrobar, además de ganar cinco mil bolívares para la compra del ajuar que usaría en los días de la feria. Sobre este particular, por cierto, indicó que Nelly de Pizzolante y Yolanda de Flores la acompañaron en tan importante misión.

Cómo olvidar la serenata en el balcón del Palacio Municipal: “Eso fue a las 12:00 de la noche y había muchísima gente, en esa oportunidad el tenor venezolano Manuel Pérez me cantó románticos temas de antaño junto a la Estudiantina”, detalló.

La primera reina continuó haciendo gala de su buena memoria al referirse a los trajes preferidos de su ajuar. “El que más me gustó fue el que usé para la coronación, que fue en septiembre: era un vestido blanco con falda ancha plisada y en la cintura tenía detalles bordados en piedras swarovski, llevaba zapatos cerrados blancos y el peinado era bastante alto y muy al estilo de los 60. El otro traje fue el que usé para el baile en el Club Recreo: ese era estilo princesa, largo, color manzana y tipo strapless. A la altura del busto tenía unos vuelos de organza y llevaba un peinado que dejaba algunos bucles colgando hasta mis hombros”, explicó.

Refrescando la memoria con ayuda de un ejemplar de la revista “Venezuela Gráfica”, Pinosh encontró un interesante dato sobre los resultados de la elección: ella obtuvo unos 2.449 votos, 1.587 correspondieron a Albania, 920 a Reina, 346 fueron para Tatiana y 336 votos de Luisa Isabel. 

El también recordado Dr. Miguel Flores, a sus ochenta y tantos años, igualmente conserva vivencias y material de tan especiales momentos. En la actualidad, vive en la ciudad de Valencia con su esposa, Yolanda de Flores, y demostró inmediatamente gran interés –como el resto de los entrevistados- por compartir su arsenal de recuerdos. 

De esta manera, con un par de copias en mano de la revista “Punta Brava”, la cual dirigía para la fecha, ayudó a su memoria a evocar de nuevo aquellos días: “Yo fui coordinador del Festival de la Canción Porteña en el 68, viajé a México y logré entrevistarme con un alto funcionario del Gobierno, con quien logré que el arreglista Teo Borrel y un grupo de motorizados acróbatas vinieran en ocasión de las ferias”, señaló.

En cuanto a la feria de 1970, destacó actividades como la romería del milagroso Cristo de la Salud de Borburata, la exposición industrial a la que asistió el Gobernador carabobeño de la época, las competencias de motonáuticas que atrajeron la atención de miles de espectadores, las corridas de toros, la celebración de la tradicional Bendición del Mar, la presentación de Simón Díaz en el Teatro Municipal y por supuesto la segunda soberana de la belleza porteña: Virginia Peraza, a quien también se le ofreció una serenata en el balcón del Palacio Municipal, en esta oportunidad en la voz de Ítalo Pizzolante con acompañamiento de nada menos que la Rondalla Tapatía de México.

Para la feria del 70, el Dr. Flores conformó el Comité de Ferias y Festivales del Distrito Puerto Cabello, decretado por el Concejo Municipal mediante ordenanza publicada en Gaceta el 4 de diciembre de 1969. Según indica la revista “Punta Brava”, la segunda feria se desarrollaría del 4 al 13 de septiembre de 1970.          

En un artículo de esta misma publicación, se especifica lo siguiente sobre los preparativos de esta segunda edición:

En general, la programación contendrá variadísimos aspectos, los cuales han de tender a crear un equilibrio y variedad en dichas ferias, cuya caracterización es precisamente evitar los determinismos o exclusivismos, que por cierto es lo que ha caracterizado la mayor parte de las ferias en Venezuela (unas son eminentemente taurinas, otras industriales, etc.).


Iniciativa sin relevo
El arduo trabajo que implicaban estas ferias, la entrega y coordinación asumida por sus primeros organizadores, probablemente era un precio que no muchos estaban dispuestos a pagar. De tal forma que no hubo un relevo en los años sucesivos.

“La gente envejece y después ya no se tienen las mismas fuerzas ni la misma disposición, por eso es tan necesario que vayan surgiendo relevos, porque de lo contrario cómo garantizas la continuidad de las tradiciones, y a veces es bastante difícil recobrar estas iniciativas, falta mucha voluntad y compromiso”, aseveró el cronista de Puerto Cabello.

No obstante, esta experiencia indiscutiblemente marcó una pauta en la historia de Puerto Cabello, siendo una muestra de que en efecto la ciudad no sólo se ha caracterizado a lo largo de los años por poseer una valiosísima riqueza natural y entre sus calles las huellas de importantes gestas heroicas, sino además por llevar en su ADN el gusto por participar con entusiasmo en celebraciones populares, templetes, romerías, bailes, saraos y pare de contar.  

Según los testimonios y relatos conocidos sobre el gentilicio porteño, desde los primeros años de población, sus habitantes han reflejado una notable afición por las fiestas colectivas, aunque los feriados nacionales y las efemérides eclesiásticas propiciaban con mayor frecuencia las celebraciones. La necesidad de crear y contribuir de alguna forma con estas sanas opciones de entretenimiento era una constante en el colectivo, lo que se confirmó una vez más con la acogida de las ferias por parte del pueblo.  

La prueba de que hace poco menos de medio siglo, la generación de la época estaba todavía dispuesta a participar de manera entusiasta en iniciativas que, por sobre todas las cosas, llevaran como ingredientes infalibles mucho ritmo y sabor. 

(PREMIO DE PERIODISMO "ARTURO COLMENARES" DE LA CÁMARA DE COMERCIO PUERTO CABELLO 2012)

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