Nayarit Frontado López.-
Este título nos hace evocar la cordialidad y educación de personas dedicadas a atención al cliente, verdad? Cómo que no? Ah, bueno, sí. Hoy en día sobran los cuentos de mala atención a usuarios y clientes tanto en el ámbito público como en el privado. Ajá, si alguno de ustedes es vendedor(a) o en su trabajo tiene contacto directo con el público no me venga con la excusa de que “no es nada fácil”, porque no se trata sino de ser educado(a) hasta para decirle a la otra persona que no tiene la razón. Sí, porque contrario a lo que estamos acostumbrados a repetir como loros, el cliente no siempre tiene la razón, si no me creen lean el libro “Personas compran personas” de Carlos Rosales.
Hace varios meses ya, me encontraba en un centro comercial de Valencia, por cierto a propósito de la FILUC, y se me antojó un helado antes de emprender con mi esposo el camino a Puerto Cabello. Fuimos a la primera heladería que vimos, estaban atendiendo dos chicas como entre 20 y 25 años. Una estaba en la caja y la otra preparaba los pedidos. Cuando nos acercamos no había nadie más pidiendo, por lo que mi esposo y yo nos dimos nuestro tiempo entre decidir sabores y si comprábamos algo más. Sin embargo, nos dimos cuenta de inmediato de la indisposición de la cajera, estaba como desesperada, impaciente.
Ordenamos y le di el dinero, pero su expresión amargada se le acentuó en el rostro cuando se me ocurrió pedirle también una agüita mineral. Acto seguido, se me revolvieron los tres apellidos (el paterno, materno y hasta el de mi esposo) y me vi obligada a quitarle de las manos mi dinero e irme a otro lugar sin decirle ni una sola palabra. Creo que no hizo falta explicarle porqué me iba, aunque sí acepto que pude haberle dado una breve y cordial charlita sobre cómo espera el cliente ser atendido. Después de todo, un buen trato siempre deja una buena impresión y te anima a volver al sitio. Pero bueno, decidí en cuestión de segundos que mejor me marchaba del lugar, no soportaba un minuto más frente a aquella vendedora amargada. Y así seguro tendrás muchísimos cuentos tú…
Pero es que es increíble que existiendo tantos textos (como el que mencioné arriba, por ejemplo) que nos hablan del oficio de vendedor y nos dan estrategias y consejos, cómo es que cada vez queden menos personas preocupadas por tener buenos modales y ser amables al tratar con público. Sí, lo sé, aunque son pocas aún quedan. A mi esposo y a mí, por cierto, siempre nos ha sorprendido la amabilidad de uno de los vigilantes de estacionamiento que trabaja en un conocido supermercado de la ciudad, es sumamente educado y atento. Bravo por gente como él!

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