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Entrevista a la reconocida psicóloga infantil española, Laura Perales

"Vivimos en un mundo con exigencias sociales que no permiten criar" Nayarit Frontado López.- Laura Perales Bermejo , ...

lunes, 25 de enero de 2016

¿Qué pasa cuando llegan los hermanos?

Nayarit Frontado López.-

Los hijos son una de las más grandes bendiciones de la vida. Cuando te conviertes en padre o madre empiezas a confirmar esa frase que seguramente sin hijo te sonaba a cliché pero ahora que lo tienes tu visión del mundo es casi completamente diferente. Es sin duda un giro tan satisfactorio como abrumador... E inicialmente te encuentras tratando de sobrevivir en esa etapa de "adaptación" por la que debemos pasar durante la paternidad/maternidad incluso más de una vez.

Posteriormente, cuando llega un segundo hijo este proceso de adaptación también involucra al primero. Algunos especialistas aseguran que es recomendable esperar por lo menos tres años para tener otro hijo, ya que de este modo nos aseguramos de cubrir necesidades apremiantes durante los primeros años de vida del niño, antes de tener que compartir el tiempo entre dos pequeños. Independientemente de que esto se cumpla o no la novedad estará presente, lo que significa que habrá muchas cosas frente a las cuales debemos todos "reacomodarnos".

En mi experiencia personal he podido observar con mucho interés cómo esa etapa de "reajuste" se ha dado en nuestra familia. Aun cuando siempre he dicho que mis hijos mayores han aceptado con mucho afecto a sus hermanitos no he querido hacer pensar con ello que la llegado del nuevo miembro a casa no les haya producido en algún grado cambios de humor e incluso afecciones de salud durante la adaptación de rutinas, costumbres, etc. a la que todos hemos debido "someternos".

Como toda etapa, sin embargo, se trata de algo circunstancial pero obviamente si no somos conscientes de la importancia de procurar que el proceso sea lo menos traumático posible (especialmente para los niños) corremos el peligro de que queden heridas en el tiempo... Puede que por las muchas ocupaciones que tenemos durante esos primeros días no nos tomemos un tiempo para ver más allá de la alegría genuina que puede manifestar un niño con la llegada de su hermano, pero ellos (al igual que mamá y papá) también podrían estar experimentando miedos, angustias, pesares... y aunque algunos los exteriorizan constantemente o expresan un rechazo abierto hacia el bebé; otros demuestran menos o más sutilmente este tipo de conductas y sentimientos. Por eso debemos estar siempre atentos para corregirlos desde la empatía y el respeto. 

Cuando nació mi segundo hijo, el mayor ya había cumplido los tres años y desde hacía algún tiempo iba al jardín de infancia. Durante el embarazo le hablamos mucho sobre el bebé y compartimos con él muchos aspectos del proceso antes del alumbramiento, un ejemplo de ello fueron las veces que lo llevamos a mis citas de control para mostrarle cómo estaba su hermanito dentro de la panza de mamá. Pendientes de hacerlo sentir lo más incluido posible, iniciamos una bonita tradición: el nuevo bebé llega con un regalo para su(s) hermano(s). No obstante, al cabo de un par de semanas del nacimiento, y aun cuando tenía la atención de abuelos y tías que nos ayudaban a mi esposo y a mí, mi niño grande enfermó y su apetito -que nunca ha sido voraz- decayó bastante. Recuerdo que mi mamá siempre me repetía "el chiquito te necesita pero el grande mucho más porque tiene más consciencia de lo que pasa a su alrededor". Pronto mi esposo y yo hicimos los ajustes necesarios y pudimos lograr un proceso de adaptación bien aceptable para todos.

Con el tercer hijo la cosa ha sido un poco más ruda, no lo puedo negar. Cuando supe que esperaba un nuevo bebé, mi hijo menor tenía un año y cuatro meses, y una mamá a tiempo completo disponible exclusivamente para él, lo cual varios meses después tuvo que cambiar por completo: Con un embarazo de 27 semanas y una panza grandota, sola durante casi todo el día con él en la etapa más enérgica de la infancia, me vi en la necesidad de tocar la puerta de un maternal. Hoy afortunadamente puedo decir que a pesar de todo, y gracias a lo que he aprendido en este corto pero nutrido recorrido como madre pro crianza respetuosa, procuré y logré que esa primera experiencia de adaptación de mi pequeño fuera lo menos traumática posible... Lo acompañé durante dos semanas al maternal para ayudarle a familiarizarse con ese nuevo ambiente contando con mi presencia, su principal figura de apego y confianza. Hoy se va feliz y contento con papá y su hermano mayor camino a la escuelita.

Pero el cuento no termina ahí... Hace dos meses nació nuestro tercer retoño, faltando un mes y dos días para el cumpleaños número dos de quien se estrenaría esta vez como hermanito mayor. Su reacción fue de desconcierto al presentarle a esa personita tan chiquita entre mis brazos, aun cuando vivía acariciando y besando la panza de mamá, repitiendo la palabra "bebé", él no sabía realmente qué significa eso... y así fue cómo nos lo dejó saber, con cierto rechazo hacia su nuevo hermano! Sin embargo, pronto fue comprendiendo todo entre nuestras explicaciones y los gestos de cariño que mostrábamos hacia el bebé y también hacia él mismo. Ahora a cada rato quiere besarlo y cargarlo... Pero más allá de eso, debo decir, ha manifestado otras conductas que nos han alertado y hecho actuar proporcionándole la seguridad emocional que trata de pedir.

Por ejemplo, ha estado un poco más renuente que de costumbre, trata de llamar mi atención cuando estoy con el bebé, se muestra más rústico o agresivo y la primera semana de clases luego de las vacaciones decembrinas prácticamente mordió todos los días a algún compañero. Aunado a ello, se pelea mucho más con el hermano mayor, y naturalmente mi hijo mayor también ha estado más "reactivo" que de costumbre. Por eso digo que ha sido más rudo, lo ha sido indudablemente. He tenido que echar mano de una especie de mantra "es temporal, es temporal, ya pasará"; sacar la "ñapa" o reserva de paciencia que pude haber almacenado en algún momento, y por supuesto, decirles y demostrarles todas las veces posibles que mamá tiene tres príncipes (y un rey!!!) a quienes ama con toda el alma y que nunca nada cambiará ese amor.

Por eso los invito a todos a ponerse en los zapaticos de esos niños que estén viviendo esta etapa junto al resto de la familia, pues es muy importante que sepamos hacerlos sentir comprendidos y amados, de modo que no vean como una amenaza la llegada de un nuevo miembro al team. ¡Y que la paciencia los acompañe! jeje

           

lunes, 18 de enero de 2016

Carla Noriega, educadora y doula con gran vocación de servicio


“Es posible un nacimiento natural hermoso si la madre está empoderada”

Nayarit Frontado López.-

Carla Noriega es licencia en Educación egresada de la UCV, carrera que le permitió prepararse como educadora prenatal para luego complementar su formación en el centro “Auroramadre” como doula.

“Cuando me mudé de Caracas a Valencia conocí el Centro 'Creciendo Juntos' y quise seguir estudiando el trabajo de las doulas y educadores prenatales, así que realicé el curso de Facilitadora del Nacimiento, además de formarme en lactancia materna, como promotora, con Celacma, y también me especialicé con la Unidad de salud infantil, reproductiva y centro de apoyo a la lactancia materna  (Unircalama) de la Universidad de Carabobo, como Consejera de Lactancia Materna”, explicó.

Esta joven educadora lleva cuatro años brindando apoyo a embarazadas y madres recién estrenadas en torno al nacimiento respetado y primeros cuidados y necesidades del bebé. Su vocación la descubrió justamente al involucrarse en su época de universitaria con el área no convencional de la profesión docente, su primer contacto con este mundo tuvo lugar en el Hospital Materno Infantil de Caricuao, donde le resultó sumamente interesante el trabajo que se lleva a cabo con las gestantes y sus bebés; experiencia que además la motivó a proponer un Programa de Formación docente en Educación Prenatal como trabajo de grado.

Educadora Vs Doula
Entre estos oficios existen diferencias muy marcadas, aseguró, pues una educadora prenatal centra su atención en brindar conocimientos, estrategias y herramientas para vivir y disfrutar la gestación, nacimiento y puerperio a las parejas o madres gestantes que decidan prepararse para el nacimiento de sus bebés, lo cual es posible a través de cursos o talleres presenciales o de forma  On-line.

Mientras que las doulas acompañan a la mujer desde el momento en que lo solicite, por lo general en su caso ha sido a partir de la semana 30 de gestación: “A partir de allí estamos acompañando a la madre desde antes del nacimiento, discutiendo su plan de parto, ultimando detalles como la maleta, recordándole ejercicios físicos que favorecen el descenso y nacimiento natural y ejercicios de respiración que contribuyen con su estado emocional, así como también conversamos acerca de sus miedos y emociones con respecto al momento del nacimiento”, describió.

No obstante, señaló que la atención fundamental se centra en el trabajo de parto, o el nacimiento natural, como prefiere llamarlo: “No me gusta usar la palabra parto porque siento que tiene una connotación negativa, si tú piensas en algo que se parte o se rompe enseguida visualizas dolor”, explicó. En este momento, es cuando una doula brinda un apoyo especial dándole ánimo a la madre, recordándole la fuerza que tiene y todo lo que se ha preparado para el nacimiento de su bebé, además de sugerirle posiciones adecuadas que alivian el malestar o dolor, ejercicios, respiraciones, masajes, aromas o simplemente tomar su mano en silencio. El acompañamiento igualmente puede hacerse en casos de cesárea, cabe destacar.

Dinámica de trabajo
Carla indicó respecto a la forma en que trabaja como doula que “hacemos una entrevista donde conversamos, reímos y aclaramos dudas, porque con base en las necesidades expuestas puedes armar clases que se adaptadas a ellas, con las cuales creas vínculos especiales porque estás entrando en esta nueva y hermosa etapa en sus vidas”.

Por otro lado, mencionó que lo ideal sería contar con un lugar donde las personas puedan ubicarte y tener ese espacio idóneo para trabajar, sin embargo, esto no la ha limitado al momento de brindar su servicio personalizado y a domicilio si así lo requieren.

Una labor en equipo
Sobre la importancia que tiene el entorno de las embarazadas, advirtió que “es indispensable involucrar no sólo al esposo sino también a las suegras o abuelas, tías, primas y todo familiar directo que tenga un alcance emocional fuerte con la embarazada. Primero para brindarle a ella todo el apoyo posible y segundo para multiplicar esta valiosa información respecto a que sí es posible tener un nacimiento natural hermoso, si la mujer durante este proceso está empoderada”.

En cuanto al panorama que muestra nuestro país en el tema de embarazo y nacimiento conscientes por parte del personal sanitario y las mujeres gestantes refirió que “debemos ser multiplicadores para que la información llegue a más profesionales de la salud y logren esa consciencia en la práctica especialmente en el sector público, también necesitamos más mujeres que busquen empoderarse de su cuerpo y de su proceso gestacional y luego postparto,  logrando conectarse con sus bebés, así como más esposos curiosos y defensores de un nacimiento natural… y sin duda más doulas trabajando juntas”


Para finalizar, habló respecto a lo que la impulsa a continuar con esta labor que con gran vocación desempeña durante una de las etapas más importantes en la vida de una mujer: “Creo en la necesidad palpable de tener una persona que tome tu mano y entienda tu proceso físico y emocional en el nacimiento de tu bebé, creo en la fuerza de una mujer luchadora y en la luz de sus ojos cuando tiene a su hijo por primera vez entre sus brazos, creo que somos lo suficientemente humanos como para respetarnos unos a otros entendiendo lo importante y único que es el nacimiento… pero sobre todo creo en la Libertad de nuestras elecciones que marcaran grandes diferencias”, concluyó.

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