“No hay niños malos ni buenos. Sólo niños deseosos de ser queridos”
Nayarit Frontado López.-
Ante la repetida etiqueta de
“niño malo” que con frecuencia y total ligereza escuchamos en el mundo de los
adultos al referirnos a niños con cierta rudeza e impulsividad, les ofrecemos
una entrevista realizada a la famosa psicóloga española Yolanda González, formadora
en promoción de la salud y prevención infantil, quien nos habló puntualmente
sobre las diferencias entre agresividad y destructividad en la primera infancia.
“No hay niños malos ni buenos.
Sólo niños deseosos de ser queridos y acompañados en el difícil camino del
desarrollo evolutivo. Muchas veces veo familias que creen llevar una crianza
respetuosa y a través de la observación de sus interacciones, notan la
incoherencia de sus demandas en momentos evolutivos que no corresponden… En mis
grupos de padres, de orientación profunda, abordamos estos temas desde la
humildad que se requiere para observar los propios patrones de conducta, la
transmisión intergeneracional de modelos educativos poco saludables, los
tópicos educativos y sociales sin ningún fundamento y un largo etc”, aclaró la
especialista.
En cuanto al tema de la agresividad
en los niños explicó que esta tiene una connotación muy negativa culturalmente,
sin embargo, proviene del Latín ad-gredior: "ir hacia". Guarda cierta
similitud con una actitud asertiva: “A nivel profundo, representa la
posibilidad de defender nuestro espacio vital y es consustancial con la vida y
por tanto natural. El problema es que socialmente, se desconoce qué (causas) origina un comportamiento agresivo y
cuál es la forma de abordarlo”, dijo.
En este sentido, aseguró que los
peques responden con agresividad defendiendo su integridad emocional cuando no
se sienten entendidos en sus demandas o exigidos para responder a una
expectativa adulta que no pueden satisfacer por su propia inmadurez, o cuando
defienden "sus" juguetes en edades tempranas, como suyos y exclusivos
y no comprenden la orden de "compartir" entre muchos ejemplos.
Mientras que la destructividad,
es consecuencia directa de una represión de la agresividad natural. Es sinónimo
de violencia, manifestó González.
Asimismo, detalló que la
respuesta agresiva en menores de tres años, es psicomotriz: empujan, pegan. La
destructiva, ya implica mordiscos, fruto de la frustración oral e implicaría
una explicación profunda para comprender el origen y el abordaje.
Sobre la agresividad de los niños
en las escuelas señaló que “los peques en edad pre-escolar, aprenden a
defenderse, porque ven a sus iguales como rivales. En la escuela y la familia,
se requiere un abordaje apropiado para cada situación que les ayude a crecer
sin sufrimiento. El conflicto es inevitable, el problema es cómo pretende
resolverlo el adulto sin tener en cuenta la edad madurativa de la criatura”.
Al mismo tiempo, recordó que los
niños son el resultado de la interacción con los adultos: “Un niño enojado o un
adulto, es una olla a presión a punto de estallar que requiere tener una vía de
escape para no salpicar a los demás, por eso es conveniente formarse, conocer
las etapas evolutivas en profundidad, para no pedir lo que no corresponde. Por
otro lado, desarrollar la empatía, cualidad poco presente en nuestra sociedad”,
resaltó.
Finalmente, expresó que criar y
educar, sin miedo a malcriar es acompañar a los hijos y alumnos desde el
respeto, el conocimiento de las fases evolutivas infantiles y la empatía. Este
es el camino, que permite relaciones satisfactorias, con mínimos conflictos y
sobre todo saludables.
Yolanda González. Psicóloga especializada en Clínica de adultos.
Formadora en promoción de la salud y prevención infantil.
Presidenta de APPSI.
Autora de numerosos artículos y de los libros: “Amar sin miedo a
malcriar”. 2010. Ed. Rba. y “Educar sin miedo a escuchar”. 2015. Ed.Rba.
wwww.yolandagonzalez-prevencion.com
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