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Entrevista a la reconocida psicóloga infantil española, Laura Perales

"Vivimos en un mundo con exigencias sociales que no permiten criar" Nayarit Frontado López.- Laura Perales Bermejo , ...

miércoles, 15 de julio de 2015

En entrevista virtual Violeta Alcocer nos habló del premio y el castigo

“Tenemos que considerar la mala conducta como un error natural del niño en su proceso de aprendizaje”

Nayarit Frontado López.-

Violeta Alcocer es una destacada psicóloga egresada de la Universidad Complutense de Madrid, Master en psicoterapia psicoanalítica, dinámica familiar y de grupo y psicodiagnóstico infantil. Es colaboradora de conocidas revistas de crianza como Ser Padres, además de ser autora del cuaderno de textos online Atraviesa el Espejo y fundadora de Aula de Familia.

En esta oportunidad la contactamos para conocer sobre los efectos de los premios y castigos en la educación y disciplina de los niños. Respeto a lo cual resaltó que principalmente debemos considerar la mala conducta de los niños como un error natural en su proceso de aprendizaje: “No vamos a castigar el error, sino que nos vamos a centrar en enseñarle a hacer lo correcto o a reparar lo que hizo mal. Desde este punto de vista, el niño no tiene por qué sentirse necesariamente mal para aprender a hacer las cosas bien”, explicó.

Asimismo, la especialista aseguró que ningún niño quiere ser castigado o hacer las cosas mal, todos los niños quieren aprender a hacer las cosas bien y a complacer a las personas que más les importan.

“Creo que (el premio y el castigo) se utilizan por ignorancia y porque ante la falta de recursos educativos, son métodos relativamente sencillos de aplicar y con aparentes buenos resultados sobre la conducta. Lo que muchos padres y educadores no entienden es que los premios y castigos son eficaces para las conductas, pero negativos para las personas”, indicó.

Conceptos y efectos   
Según Alcocer, premio y castigo son dos formas distintas de intentar modificar la conducta de los niños: El premio, otorgado después de la conducta deseada, incrementa la probabilidad de que esa conducta se vuelva a producir, por lo que el principal peligro que entraña tiene que ver con el hecho de que no enseña al niño nada sobre el valor intrínseco de sus conductas; tan solo le enseña a obedecer, pero a cambio de una recompensa, no por una interiorización de valores o normas.

Por otro lado, el castigo consiste en la aplicación de un estímulo aversivo (algo que desagrada al niño) o la retirada de un privilegio o algo que al niño le hacía sentir bien. En este caso, la probabilidad de ocurrencia de la conducta castigada disminuye porque el niño aprende a temer el castigo. Al igual que sucede con el premio, el principal fallo de este método es que no enseña al niño nada sobre su conducta, salvo que no debe repetirla.
  
Igualmente se refirió al beneficio de un estilo de crianza democrático: “Por mi experiencia clínica con familias y también mi experiencia como madre de dos niñas de 9 y 11 años, puedo asegurar que en todos los casos en los que el estilo parental ha sido democrático y positivo, la convivencia ha sido más fácil, los niños más felices y, por tanto, mejores sus conductas”, afirmó.

En cuanto al binomio familia-escuela admitió que es muy difícil extrapolar la forma de educar en casa a la forma de educar en la escuela. En primer lugar porque se trata de agentes de socialización diferentes y que cumplen funciones distintas en la vida de los niños. No se puede comparar el manejo de una situación convivencial en el núcleo familiar (aunque haya varios hermanos) con la convivencia de veinte o más niños en el aula y cientos en el colegio.

Lo que sí es deseable –aclaró la psicóloga- es que en ambos contextos predomine un ambiente de escucha y orientado a enseñar a los niños a crecer en valores y a convivir en paz por la interiorización de las normas, no por obediencia ciega.

Alternativas respetuosas
“En realidad, no todas las situaciones que queremos cambiar son susceptibles de hacerlo mediante el castigo o su alternativa. De hecho, la mayoría de las situaciones se deben trabajar de forma preventiva: negociando, con atención selectiva, atención positiva, escucha activa, permitiendo al niño tomar decisiones y fomentar su autonomía, etc.. Cuanto más felices y valorados se sienten los niños, mejor se portan y, por tanto, menos situaciones susceptibles de castigo nos vamos a encontrar”, advirtió Alcocer.

En cuanto a alentar a los niños sin recurrir a premios que rebajen la calidad moral de los actos dijo que “hay que felicitarles cuando hacen las cosas bien espontáneamente, no porque nosotros hayamos prometido un premio por ello”.

La experta también añadió que  los sellitos con caritas, las etiquetas de buen comportamiento utilizados en muchos centros educativos aumentan la probabilidad de buena conducta, pero no enseñan al niño nada más: “Desde mi punto de vista, tienen un muy pobre valor pedagógico”, resaltó.

Otro aspecto importante es aquel que tiene que ver con las etiquetas que usualmente se le ponen a los niños (es muy “tremendo”, es muy “inquieto”, es muy “penoso”, etc.). Sobre este particular expresó que “cuando le decimos a un niño lo que es, el niño incorpora esas palabras como parte de su autoconcepto y crece creyendo que eso es lo que se espera de él. Muchos niños traviesos son, al mismo tiempo, generosos, inteligentes, simpáticos…y también tienen sus momentos tranquilos. Si a un niño sólo le miramos en un aspecto (por ejemplo, travieso) pero obviamos todos los demás o no le señalamos que también es de esas otras maneras, estas irán perdiendo fuerza y, con el tiempo, el niño terminará actuando siempre de acuerdo a su etiqueta. No debemos olvidar que los niños crecen en aquellos aspectos en los que son mirados. Si no vemos ni señalamos lo positivo… lo positivo desaparece”.

Y antes de actuar…
Finalmente, la psicóloga recomendó aprender a observar nuestros estados internos antes de reaccionar, además de cuidar nuestro sistema nervioso: “padres centrados, hijos centrados”, sentenció.

“Además es muy importante darse espacios de reflexión educativa: pensar qué objetivos tenemos, si son a corto, medio o largo plazo, qué cosas son importantes y en qué vamos a ser flexibles y qué estrategias vamos a utilizar en las situaciones más habituales. Si pensamos de antemano cómo vamos a actuar, es más fácil no dejarnos llevar por los impulsos”, concluyó Alcocer. 

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