Psicóloga clínica infanto/juvenil de la Universidad Adolfo Ibáñez ubicada en Santiago de Chile. Andrea Cardemil posee amplia trayectoria atendiendo a niños de 2 a 12 años y jóvenes hasta los 18 años. Es madre de dos niñas, autora de su más reciente libro "Apego seguro: cómo relacionarte con tu hijo a partir de los 2 años". Diplomada en Terapia de Juego por el Instituto Violet Oaklander (California). Su misión es promover un adecuado desarrollo socioemocional en niños y adolescentes, pues afirma que cada día hay más evidencias de que una persona es más feliz y exitosa en la vida cuando tiene las herramientas necesarias para relacionarse con otros, regular sus emociones, enfrentar situaciones de estrés y resolver conflictos. Cardemil es además fundadora de Psicocrianza, una iniciativa a través de la cual se ofrecen recursos y estrategias en pro del sano desarrollo psicoemocional de niños y jóvenes.
Con mucha receptividad atendió nuestra entrevista y estos fueron sus aportes sobre el tema del temperamento de los niños, uno de los aspectos que toca en su libro:
¿Qué es el temperamento?
En palabras simples, el temperamento es un conjunto de características biológicas con las que nacemos, que determinan de manera significativa como experimentamos el mundo y por tanto cómo nos aproximamos a él. Por ejemplo, si un niño tiene un sistema nervioso sensible a las situaciones novedosas, lo más probable es que cuando vaya un cumpleaños se refugie detrás de la pierna de mamá y le cueste el doble integrarse a jugar, que a un niño con un sistema nervioso menos sensible.
¿El temperamento es genético, hereditario o depende del entorno?
El temperamento es genético y en la mayoría de los casos se hereda. Digo la “mayoría” porque a veces los niños tienen temperamentos completamente distintos a los de sus padres.
¿Puede modificarse con ayuda de las personas que forman parte de ese entorno?
Que sea genético no implica que el entorno no sea significativo. Todo lo contrario. Se ha visto que las experiencias de crianza pueden atenuar, fortalecer, canalizar y hasta modificar un rasgo temperamental. Lo que no se puede hacer eso sí, es eliminarlo.
Por ejemplo, si tu hijo por temperamento siente la ansiedad muy intensa, pero desde pequeño le enseñaste a regularla, con el tiempo la intensidad puede ir disminuyendo. Pero si cada vez que se angustiaba tu te angustiabas el doble, la intensidad podría incluso aumentar.
Si te fijas, los cuidadores pueden brindarles a los niños la ayuda que necesitan para entender y aprender a regular sus disposiciones temperamentales. La regulación ambiental permite que el niño vaya creando nuevos caminos neuronales y de esta forma nuevas formas de funcionar y responder.
¿Existe alguna clasificación o tipos de temperamento en la infancia?
Existen muchas clasificaciones de temperamento. Muchos autores han tratado de categorizar estas características biológicas de la personalidad. La clasificación que más me gusta y que usé en mi libro es la de los norteamericanos Thomas y Chess. Ellos plantean que existen 9 categorías del temperamento (nivel de actividad, regularidad en los ritmos biológicos, aproximación o retiro ante situaciones nuevas, adaptabilidad al cambio, intensidad de la respuesta, sensibilidad a la estimulación, emocionabilidad, perceptibilidad y persistencia). En cada una de estas categorías, uno puede puntuar alto, medio o bajo.
Independiente de que cada niño tiene un perfil de aproximación al mundo único, se tienden a dar ciertas combinaciones que dan origen a tres tipos de temperamento: fácil, difícil y pasivo.
¿Cómo influye el temperamento del niño al momento de manejar una situación estresante o incómoda para él?
El temperamento afecta de manera significativa la intensidad con la que los niños sienten una emoción. Mientras más intensa sienta una determinada emoción, más difícil es manejarla. En el caso de las pataletas, si el niño tiene alta intensidad emocional, le va a costar tanto a él a los padres regular la emoción. Esto es muy importante, porque muchas veces las mamás creen que es por culpa de ellas, cuando en verdad les tocó un niño más difícil, que le va a tomar más tiempo que otros niños aprender a regularse.
¿Como psicóloga qué alternativas recomiendas para que el niño no reprima su rabia sino que pueda drenarla mejor? (Algunos recomiendan pegarle a una almohada, particularmente creo que es una forma igualmente violenta)
Va a depender de la intensidad de la rabia lo que le va a servir al niño. Si no es muy fuerte, puede que algo tan simple como hablar de lo que le pasa le sirva. Pero si es más fuerte, quizás necesite sacarla para afuera utilizando actividad física, y en ese caso pegarle a la almohada o patear una pelota de fútbol pueden ser de gran utilidad.
En general yo les digo a los niños que pueden hacer lo que quieran, mientras cumplan con las reglas de oro de la expresión: No hacerme daño, no hacerle daño a otros y no dañar objetos no permitidos. Y bajo estas reglas, los ayudo a ver qué podrían hacer cuando están enojados.
Algunas estrategias o actividades para drenar la rabia pueden ser: hablar, dibujar, romper una revista, chutear una pelota, escuchar música, apretar una pelota de calma, utilizar una botella de calma, jugar, salir a correr o andar en bicicleta (este es un de mis favoritos porque la actividad física regula el funcionamiento cerebral).
¿Cómo debemos sobrellevar la etapa del "no" en el niño?
Ufff! Con mucho amor y paciencia! Lo primero que debemos hacer es entender que es algo evolutivo y por tanto normal y necesario. Cuando nuestros niños necesitaban aprender a caminar, no había como llevarlos en brazos. Bueno, a partir de los 2 (a veces incluso antes), los niños necesitan separarse de uno y desarrollar autonomía e independencia. Y para eso, la naturaleza los obliga a decir que “no” cuantas veces puedan. Lo necesitan tanto, que a veces se niegan hacer algo, no porque no quieran hacerlo, sino porque necesitan sentir que son distintos, que tienen voluntad y control de las cosas que hacen.
Ahora, esto no significa que los vamos a dejar hacer lo que quieran. Los niños necesitan límites claros y firmes. Yo recomiendo lo siguiente:
- Darle espacios seguros para satisfacer su necesidad: por ejemplo, que elija su ropa. De esta forma, además de permitir que satisfaga su necesidad, se le puede enseñar que hay momentos en que puede elegir él y otros en que no.
- Elegir bien las batallas. No vale la pena pelear por todo. Es desgastante tanto para el niño como para uno.
- Uso de alternativas: Como necesitan poner a prueba su voluntad, en vez de decirles “ponte los zapatos” les puedes hacer una pregunta “te los pones tu o te los pongo yo”. Si te fijas, el objetico es el mismo: que se ponga los zapatos, pero al usar alternativas el niño siente que tiene el control.
- Si está haciendo algo inadecuado porque está aburrido o necesita algo, además de decirle que no lo haga, mostrarle una forma adaptativa de lograr lo mismo. Por ejemplo, si está aburrrido y empieza a jugar a tirar comida al suelo, decirle que no y darle algo para jugar.
- Cuando necesitamos que hagan algo, repetírselo y acompañar nuestras palabras con acción. Por ejemplo, si hay que ordenar y dice que no, decirle “si se que no quieres, pero hay que ordenar” junto con pasarle un canasto y un juguete para que vaya guardando.
- Uso del juego: nunca está demás.
- Y si se le tiene que decir que no, y el niño por tanto se frustra o le da pena, mantener el límite y ayudarlo a calmar estado emocional.
¿En tu libro hablas del apego después de los dos años, qué fundamentos básicos del apego seguro a partir de esa edad se deben mantener?
El principio más importante en la promoción de apego seguro es la regulación del estrés. En la medida que el niño va creciendo, lo que va cambiando son las situaciones que le generan estrés, y el tipo y cantidad de ayuda que necesita para recuperar la calma. Pero el principio es el mismo.
Desde este punto de vista, después de los 2 años el niño quizás no va a necesitar que lo ayuden a regularse cuando tiene hambre (porque el hambre ya no le genera tanto estrés), pero si cuando le digan que no a algo y se frustre o cuando siente pena porque un niño no quiere jugar con él.
En mi libro, también propongo otros principios que son: amplificar estados positivos, evitar estrés innecesario, satisfacer necesidades, comunicación contingente, ser predecibles, ser sensibles a las señales del niño y reparar momentos de desconexión.
¿Cómo pueden llegar a "chocar" los temperamentos padre/madre-hijos y cómo manejarlo?
Tal como te mencionaba al comienzo, los temperamentos de los padres pueden ser muy distintos a los de los niños, lo que puede hacerlos chocar con frecuencia. Por ejemplo: un papá con altos niveles de actividad y un niño con bajos niveles de actividad. Lo más probable es que ese padre va a organizar paseos y actividades que al niño no le van a gustar. Y que quizás con el objetivo de agradar al padre y estar con él, se esfuerce y lo pase mal.
Cuando esto ocurre, lo primero que se hace es que el padre (y el niño si tiene la edad para entender) comprenda que son distintos. Y desde esta comprensión, ver cómo manejar las diferencias. Siguiendo en el ejemplo anterior, esto puede significar hacer actividades medianamente tranquilas o un poco de ambas. Y en otros casos, aceptar que el otros es distinto y que eso no significa que sea malo o que lo hace para molestar. Sino simplemente que son distintos.
¿Qué otros factores (además del temperamento y la etapa evolutiva en la que se encuentre el niño) pueden ser detonantes de las pataletas?
Si bien las pataletas son evolutivas, se ha visto que existen ciertos factores que pueden incidir (en cuanto a intensidad, frecuencia, duración y/o facilidad/dificultad) para calmarlas. Existen factores biológicos, dentro de los cuales está el temperamento. Otros factores biológicos pueden ser que el niño esté fisiológicamente desrregulado (por ejemplo con sueño) o enfermo. Dentro de los factores ambientales, el más importante es el estilo de crianza. Cuando el manejo parental es inadecuado, no se le entregan al niño las herramientas que necesita para aprender a regularse. En el peor de los casos, el niño podría nunca dejar de hacerlas. Y por último, también existen factores situacionales, que corresponden cualquier cambio que genere cierto nivel de estrés puede incidir en las pataletas. Por ejemplo cambio de casa, la llegada de un hermanito, ingreso al jardín, muerte de una mascota, separación de los padres, etc.

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