¿Cómo estamos corrigiendo a nuestros hijos?
Mamá Nayarit
@GuiaCriaFeliz
Para los padres el tema de la
disciplina de los hijos es un aspecto tan preponderante en la crianza que con
frecuencia desplaza incluso el diálogo y el acuerdo, haciendo hostiles y
autoritarias las relaciones padre/madre-hijo, en lugar de fortalecer tal
vínculo mediante una comunicación no punitiva, descalificativa o violenta.
No es difícil darse cuenta de que
en el mundo adultocentrista los niños son poco comprendidos, pretendiendo
siempre que se comporten como adultos, atropellando sus etapas y procesos de
desarrollo. Si bien es cierto que los padres queremos lo mejor para ellos,
recibimos tantos “consejos” y opiniones del exterior que casi nunca nos
detenemos a pensar sobre qué es lo que queremos para nuestros hijos, realmente
cómo queremos actuar frente a ellos y qué esperamos de ellos. No escuchamos
nuestra intuición de madre o padre y prestamos más atención a lo que puedan
pensar los otros respecto a cómo estamos desempeñando nuestro rol de progenitor
y orientador.
El tiempo que he podido dedicar a
mis embarazos y a la maternidad me han permitido escuchar esa voz interior que
me habla de flexibilidad sin indiferencia, límites sin arbitrariedad, amor sin
medidas y mucho juego para lograr un ambiente más agradable tanto para mis
hijos como para mamá y papá. Pensar en nuestra propia infancia nos puede ayudar
en el proceso, qué nos gustaba hacer y cómo reaccionábamos cuando eso no era
respetado por algún adulto, por ejemplo.
Para conseguir una disciplina
humanizada, en primer lugar debemos desechar actitudes represivas en las que
los constantes “no” son definitivamente nocivos. Partamos del principio de que “lo
que no es peligroso puede ser permitido” (incluso algunas situaciones pueden manejarse con ayuda de un adulto) y cada vez que nuestros hijos deseen
hacer algo pensemos en ese filtro. Cuando no sea peligroso pero tampoco se
pueda hacer en ese justo momento, explicar con amor y ofrecer otra alternativa
es lo más sano. Si viene la rabieta, conservar la calma es clave y una divertida puesta
en escena de “mamá osa” o “papá oso” seguramente apaciguará la situación.
Un día salimos a cenar mi esposo,
unos amigos y yo, y nos llevamos a nuestro hijo mayor. Subimos a una terraza
desde donde se podía ver el mar pero había cierto riesgo para cualquier niño
intrépido como Jeremy. Estuvimos siempre muy pendientes pero un rato después él
miró a dos niñas más grandecitas que se subieron a una plataforma más alta que
había en el sitio y acto seguido quiso hacer lo mismo. Yo tenía dos opciones:
Negarme rotundamente a su deseo, por ser peligroso, o tomar una actitud más
comprensiva. Y opté por la última! Le expliqué que ir solo era riesgoso, mamá
lo acompañaría pero después de comer un poco. Y así fue. Subimos y su alegría
era tal, ya que la vista desde allí era mágica, que su imaginación empezó a
volar y fui yo la más sorprendida: “Mamá estamos en una casa del árbol, mira
todo eso, qué bonito”. Al cabo de un ratico bajamos y él quedó contento y complacido, y
desde luego yo también!
Nos hace falta comprender que
ciertos comportamientos de los niños aunque como adultos los veamos
inapropiados, en el mundo de los niños lo inapropiado es recibir una corrección
desmedida y violenta. Los adultos hablamos de “crítica constructiva” y
“corrección fraterna” entre nosotros, deberíamos empezar por aplicarlo con
nuestros pequeños, ¿por qué deberían ser ellos la excepción?

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