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miércoles, 6 de agosto de 2014

Hablando como los locos: Las fiestas infantiles.




 Nayarit Frontado López.-

            ¡Hola! Hoy te propongo hacer memoria de las fiestas de cumpleaños que tuviste en tu infancia. Yo de las mías recuerdo una torta hecha en casa, una piñata (aunque nunca me gustaron) y un par de concursos para rifar modestos premios a quien bailara mejor, ganara el juego de la silla o adivinara un número. Y las disfrutaba, por supuesto! Pero ahora, las fiestas de niños son apoteósicas, incluso desde las más modestas.

            Es impresionante ver la variedad de materiales, técnicas, formas y tamaños existentes en el mercado para la elaboración de tortas. Cada día surgen novedosas maneras de lograr acabados fascinantes sin importar la temática o las exigencias del cliente. Basta con ver los programas de televisión por cable dedicados exclusivamente a la realización de este elemento imprescindible en  estas celebraciones para tener idea de todo lo que actualmente se puede hacer.

            Y los niños, por cierto, conforman también ese gran número de clientes exigentes a la hora de elegir el pastel para su cumpleaños. Están al tanto, además de todas las opciones disponibles de entretenimiento y diversión a la hora de festejar su día: Colchones inflables, carritos de cotufas, perrocalientes, algodón, helados, dispensadores de golosinas adicionales a las chupeteras de la mesa central, pintacaritas, presentaciones protagonizadas por sus personajes favoritos, hasta la famosa “hora loca” que hasta hace poco estaba reservada para fiestas de adultos. También he oído de pasarelas para las niñas, show de luces y burbujas, y así pare de contar… Sin mencionar los regalos que a veces piden!

            Esta realidad ha hecho proliferar rápidamente los negocios dedicados a cubrir todas estas “necesidades” (o necedades, dependiendo de cada punto de vista) y actualmente nos ofrecen combos que otrora habrían sido impensables para pasar entre tres o cuatro horas de festividad.

            Sí, es cierto, nuestros pequeños merecen lo mejor, no estoy en contra de estas cosas, pues cada quien puede planificar y ofrecer según sus posibilidades. Después de todo, lo más importante es el amor y el tiempo que dediquemos a nuestros hijos. Sólo comparo y me parece sumamente curioso, por decirlo de algún modo. Escribir sobre esto, por cierto, me hizo desempolvar las facturas del último cumpleaños de mi hijo mayor y no quiero ni imaginarme cuántas veces más podría costar este año unos títeres, colchón inflable, perrocalientes, pintacaritas, etc… Ah! Y aprovechando la ocasión, si alguien sabe de un buen mago, por favor avíseme cuanto antes!

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