Nayarit Frontado López.-
¡Hola!
Hoy te propongo hacer memoria de las fiestas de cumpleaños que tuviste en tu
infancia. Yo de las mías recuerdo una torta hecha en casa, una piñata (aunque
nunca me gustaron) y un par de concursos para rifar modestos premios a quien
bailara mejor, ganara el juego de la silla o adivinara un número. Y las
disfrutaba, por supuesto! Pero ahora, las fiestas de niños son apoteósicas,
incluso desde las más modestas.
Es
impresionante ver la variedad de materiales, técnicas, formas y tamaños existentes
en el mercado para la elaboración de tortas. Cada día surgen novedosas maneras
de lograr acabados fascinantes sin importar la temática o las exigencias del
cliente. Basta con ver los programas de televisión por cable dedicados exclusivamente
a la realización de este elemento imprescindible en estas celebraciones para tener idea de todo lo
que actualmente se puede hacer.
Y
los niños, por cierto, conforman también ese gran número de clientes exigentes
a la hora de elegir el pastel para su cumpleaños. Están al tanto, además de
todas las opciones disponibles de entretenimiento y diversión a la hora de
festejar su día: Colchones inflables, carritos de cotufas, perrocalientes,
algodón, helados, dispensadores de golosinas adicionales a las chupeteras de la
mesa central, pintacaritas, presentaciones protagonizadas por sus personajes
favoritos, hasta la famosa “hora loca” que hasta hace poco estaba reservada
para fiestas de adultos. También he oído de pasarelas para las niñas, show de
luces y burbujas, y así pare de contar… Sin mencionar los regalos que a veces
piden!
Esta
realidad ha hecho proliferar rápidamente los negocios dedicados a cubrir todas
estas “necesidades” (o necedades, dependiendo de cada punto de vista) y
actualmente nos ofrecen combos que otrora habrían sido impensables para pasar
entre tres o cuatro horas de festividad.
Sí,
es cierto, nuestros pequeños merecen lo mejor, no estoy en contra de estas
cosas, pues cada quien puede planificar y ofrecer según sus posibilidades.
Después de todo, lo más importante es el amor y el tiempo que dediquemos a
nuestros hijos. Sólo comparo y me parece sumamente curioso, por decirlo de
algún modo. Escribir sobre esto, por cierto, me hizo desempolvar las facturas
del último cumpleaños de mi hijo mayor y no quiero ni imaginarme cuántas veces
más podría costar este año unos títeres, colchón inflable, perrocalientes,
pintacaritas, etc… Ah! Y aprovechando la ocasión, si alguien sabe de un buen
mago, por favor avíseme cuanto antes!

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