Esta batalla no es ajena para mí
hay partes que me pertenecen
y me acerco
sin querer advertir
las mismas armas de siempre
***
II
Dejo la razón
la cordura
desconozco mi sensatez
y me convierto en esto
que no sé describir
***
III
Las raíces son como puertos
partimos y retornamos siempre para anclarnos
en esas olas que ya conocemos
amarras, sogas, manos
un muelle de gente con agua en el pecho
donde el barco se detiene y descansa
he dormido este tiempo quizás sin saber que el mar es profundo
aún así lo imagino
cada vez que vuelvo a casa
***
IV
Las horas se han ido
mis memorias divididas en lapsos
Nada temen
y aún así todo en mí ha crecido
hasta convertirme en un árbol frondoso
***
V
Los adioses para siempre
cuestan un mundo
acostumbrarse a hacer obituarios
y misas de difuntos
aprender a vivir con la ausencia
aunque nunca hayas estado más presente
Tan difícil como haberte visto
por última vez a los ojos
y después tocarte la frente a través del vidrio
acompañarte luego
hasta esa puerta
que cerramos con la tierra
el dolor y las flores
***
VI
Mirarte
en lo adverso
en los paisajes sin vida
en la muerte
tan desafiante
como esa inmunidad Tuya al pecado
que aún algunos cuestionan
incrédulos
***
VII
Son mis ojos en otras caras
en otras partes
como esa gente
que no sabe si renunciar
o seguir siendo
***
VIII
Este campo de proezas
me vuelve un espectador
en medio de aplausos
y trucos de magia
trato de acercarme a lo real
sin darme cuenta que ahora
soy un conejillo de Indias
***
IX
Vivir es un oficio
remunerado con el tiempo
reconocer las virtudes
la alegría
y las penas
para aminorar nuestros miedos
vivir
cuando es inminente
la jubilación
***
X
Esa sensación de sueño
en espiral
tras diluirse el sedante en mis venas
me llevó a pronunciar
el silencio
y fui dejándome
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