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jueves, 24 de agosto de 2017

¿Hermanos o enemigos?

Favorecer la hermandad es otra importante labor de los padres



Tener más de un hijo nos pone frente al reto de atender también emocionalmente a cada uno, a fin de que no sólo podamos mantener un vínculo parental positivo con ellos sino además que evitemos rivalidades y competencias insanas entre hermanos.

Siendo mamá de tres he procurado tener mucho cuidado en este sentido, primero por el ejemplo de mi propia crianza: Somos tres hermanas, ninguna de las cuales sentimos jamás preferencia de nuestros padres hacia alguna en particular (ni nosotras hacia alguno de nuestros padres) lo que sin dudas favoreció muchísimo (y aún en la adultez) nuestra relación. Segundo, al contrastar otros ejemplos de vínculos nada saludables que sólo han despertado entre hermanos enemistad y envidia incluso a través de los años.

Como padres, e independientemente de las diferencias entre nuestros hijos, debemos siempre promover entre ellos el respeto, la justicia, la solidaridad y la amistad. En este post te cuento algunos de mis principios en esta función.

Involucrarlos desde la llegada de un nuevo bebé. Permitirles participar de la alegría, preparativos y bienvenida de sus hermanos es empezar con buen pie. Explicarles sobre los cambios que habrá en casa cuando llegue el hermanito, escuchar y atender además las expectativas y tal vez temores que manifiesten ante la llegada del nuevo miembro también es fundamental. 

Hacerlos partícipes del cuidado del hermanito. Aunque evidentemente de vez en cundo necesitemos ayuda para atender a dos o tres niños, también es conveniente involucrarlos siempre que sea posible en las tareas que tengan que ver con el cuidado del hermanito menor. Hacerlos sentir especiales para el bebé, que se sientan tomados en cuenta y reconocidos.

Dedicarles tiempo también a los más grandes. A pesar de que un bebé demande tanto durante los primeros meses de vida, es importante que tanto papá como mamá dediquen tiempo a los más grandes para que así sepan que no han sido excluidos y que siguen contando con el amor y la atención de la familia. Tener tiempo a solas con cada uno es vital para fortalecer nuestros vínculos y su autoestima. 

Progresivamente, ellos van comprendiendo la nueva dinámica familiar y se van tejiendo esos lazos afectivos que tanto ansiamos entre hermanos. 

Potenciar las diferencias. Cada hijo es único, todos con talentos y virtudes particulares. Por eso, potenciar aquello que los hace ser especiales, en lugar de compararlos negativamente entre ellos, es lo más beneficioso que podemos hacer. La Dr. Grande en sus libros sobre maternidad y crianza nos habla de tener “un trono para cada hijo” y no rotularlos con diferencias que generan antagonismos empobrecedores entre hermanos, negando así la posibilidad de que cada uno ocupe su lugar. No generemos un único trono, teniendo un favorito, que provoque una lucha constante entre ellos por alcanzar la aprobación y el afecto. ¡Construyamos tantos tronos como hijos tengamos!

En ocasiones les pregunto a mis hijos, a modo de broma, a quién quieren más si a papá o a mamá, y me complace escuchar siempre “¡A los dos!”. Cuando mis hijos discuten sobre quién quiere más a mamá, más allá de “inflarme” me siento en el deber de hacerles comprender que los tres me aman por igual, así como yo a ellos. Nada más peligroso que un hijo/hermano que se sienta favorecido por encima de sus hermanos porque esté segurísimo de que es quien más quiere a mamá (o a papá). Considero que como padres debemos tener muy claro que no son nuestros hijos los que tienen la obligación de enseñarnos cómo querernos, el ejemplo es desde nosotros hacia ellos primero, y luego se convierte en un círculo virtuoso en el que vamos creciendo en el amor como familia.

Saber manejar los conflictos entre hermanos también es otro punto esencial. A mí no me resultó fácil, honestamente. Pero con el tiempo he descubierto que, si promovemos siempre el diálogo, la justicia y el perdón;  pronto aprenden a resolver sus propios problemas sanamente, para ello también trato de propiciar momentos de juegos entre ellos solos, sin mi intervención. 
Este trato especial hacia cada uno debe persistir en el tiempo. Una madre o un padre no pueden dejarse absorber sólo por un hijo, no pueden inclinarse siempre en defensa de uno por encima de los otros. Una madre o un padre no pueden permitir que un hijo se sienta privilegiado o preferido entre sus hermanos. 

Por otro lado, siempre he pensado que si un hijo es menos cariñoso o atento que los otros, no se le puede reprochar ni mucho menos dejar de darle la atención y el amor que merece, al contrario. Yo también tengo a “ese” hijo y reconozco en él tantas otras virtudes que es imposible no demostrarle el mismo afecto que a los otros. Tal vez yo misma fui “esa” hija también y qué bonito ha sido no sólo tener una relación tan maravillosa con mis dos hermanas sino también sentirme amada por igual por mis padres y sentir que los amo a ambos por igual.

No hay manuales, es verdad, no podemos dar siempre todo por sentado, pero sí podemos tratar siempre de ser mejores madres/padres para nuestros hijos, una labor que de hecho no termina nunca. Siempre estaremos a tiempo de resarcir nuestros errores, nuestros hijos y hasta nuestros nietos lo agradecerán.   

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