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martes, 27 de enero de 2015

Los desafíos a la hora de comer

El apetito de los niños depende de su etapa de desarrollo  


Nayarit Frontado López.-

La alimentación durante los primeros meses de vida de los bebés y luego durante la infancia es uno de los temas que más preocupan a muchos padres desde hace tiempo atrás.

La angustia aparece cuando el niño, que aparentemente comía normal, deja de comer o come muy poco en comparación con otros niños de su edad, y aun cuando no ha perdido peso ni dejado de ganar, los padres consideran que no tiene buen apetito y que existe un grave problema con ello.  

Algunos padres optan por complementar la alimentación con suplementos que muchas veces sólo engordan, sin aportar las vitaminas y minerales que realmente beneficiarían al menor. Aunado a ello inician una batalla campal con el niño al momento de comer, obligándolos a dejar el plato vacío o castigándoles si finalmente no lo consiguen.

El resultado es evidentemente más rechazo por parte del niño al momento de comer, pues lo asocia con la desagradable experiencia de ser obligado a algo por encima incluso de sus necesidades reales.

El pediatra Carlos González, en su libro “Mi niño no me come” advierte que con frecuencia la madre cree tener la culpa porque el sabor de su comida podría no estar funcionando y “en vez de plantearse en sencillos términos de tienes hambre/no tienes hambre, la lucha por la comida puede convertirse en una trampa del tipo me quieres/no me quieres. Se acusa al niño de no querer a la madre porque, sencillamente, no puede comer más”.

Por otro lado, el médico habla de varias creencias populares en torno a la falta de apetito en los niños:

La disciplina: En realidad, la «culpa» la tienen los padres, que han «malcriado» a su hijo, consintiendo sus caprichos y permitiendo que se salga con la suya.
El marketing: El niño no come porque no se ha sabido «vender» el producto. Hay que darle de comer en un ambiente tranquilo y relajado, con una vajilla decorada con motivos infantiles.
La cocina creativa: El niño se aburre por la monotonía de la dieta. Hay que variar sabores y texturas, y preparar platos atractivos: esculpir un ratón de arroz hervido con orejas de jamón de York, o decorar con pimiento morrón y aceitunas una cara de payaso de puré de patatas.
La fisioterapia: Hay que hacer masajes en las mejillas del niño, diariamente desde el nacimiento, para «estimular y fortalecer» los músculos de la masticación.
El laissez-faire. El niño no come porque ha de afirmar su espíritu de oposición frente a quienes le obligan. Hay que dejar de obligarle, y entonces comerá más.

Ninguna de estas teorías es avalada por el especialista, quien en lugar de ello sugiere a los padres que los niños sean respetados en cuanto a las cantidades de comida que manifiesten querer comer, así como sus gustos y preferencias, porque a medida que crecen –y si el momento de la comida no ha sido traumático en su infancia- van aceptando más variedad de alimentos. Es cuestión de tiempo y paciencia.

Igualmente, González explica en el referido libro que un niño crece más aceleradamente durante el periodo de gestación y luego durante el primer año de vida, incluso advierte que cada niño es distinto y puede tener patrones diferentes a otros de su misma edad, lo cual no significa necesariamente que exista una alarma.

“Uno de los mayores mitos en torno a la nutrición es el de que «tienes que comer para hacerte grande». Es decir, mucha gente cree que el crecimiento es consecuencia de la alimentación. No es así. Sólo en casos de auténtica desnutrición llega el crecimiento a verse afectado”, añade el pediatra.

En este sentido, el niño de uno a seis años crece lentamente y come proporcionalmente menos que el de seis meses o el de doce años, que está en un periodo de rápido crecimiento. Por más comida que le dé es absolutamente imposible hacer que un niño de dos años crezca tan rápido como uno de seis meses o doce años. 

Finalmente, indica que la talla que alcanza un individuo adulto depende básicamente de sus genes y sólo un poco de su alimentación, mientras que la velocidad de crecimiento en un periodo determinado depende, básicamente, de la edad y sólo un poco de los genes.

Por ello, se recomienda comprender el apetito “moderado” de los niños entre uno y seis años, no convertir el momento de la comida en tenebrosas batallas, además de dar el ejemplo consumiendo también aquellos alimentos que se desean introducir en la dieta del menor. Tener paciencia en cuanto al tiempo que tardan los niños en comer también es un recurso importante al momento de la comida, así como tolerar algunos desastres en la mesa.